Por Carolina Zamboni
En la entrega anterior nos preguntábamos si el Acuerdo de Asociación entre el MERCOSUR y la Unión Europea (UE) presentaría diferencias sustanciales frente a los Tratados de Libre Comercio (TLC) que se firmaron en nuestra región durante los últimos 30 años, o si, por el contrario, sigue la misma línea de protección al capital. Este primer acercamiento nos permite concluir que lejos de impulsar una verdadera diversificación productiva, tiende a consolidar un modelo asimétrico y a limitar la capacidad de desarrollo de nuestra región.
1. Asimetría estructural: un intercambio entre materias primas e industria
Aunque parezca evidente, es fundamental señalar que la UE y el MERCOSUR tienen diferencias económicas y productivas profundas. La capacidad productiva del bloque europeo es cuatro veces mayor que la de su socio sudamericano. Para dimensionar esta brecha: según el Observatorio de la Coyuntura Internacional y la Política Exterior (OCIPEX), solo Alemania tiene un Producto Interno Bruto (PIB) similar al de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay juntos.
Esta diferencia se refleja directamente en lo que comerciamos:
- El MERCOSUR exporta principalmente materias primas y alimentos (más del 73% de sus ventas a la UE son productos agrícolas o básicos).
- La UE exporta bienes industrializados y de alto valor agregado (alrededor del 70% de sus ventas hacia el MERCOSUR son productos procesados y tecnológicos).
Mientras los países europeos están altamente industrializados y sus economías se complementan, los países del MERCOSUR se especializaron en materias primas y mantienen un comercio interno relativamente bajo. Por eso, abrir el comercio en condiciones tan desiguales resulta uno de los puntos más críticos del acuerdo.
2. Un impacto desigual en el empleo y la producción local
El estudio más completo sobre el impacto del acuerdo (Sustainability Impact Assessment, encargado por la propia UE a la London School of Economics en 2020) muestra que, para la mayoría de los sectores industriales del MERCOSUR, el tratado representa más amenazas que oportunidades.
Incluso bajo supuestos económicos optimistas, las ganancias de bienestar serían evidentes casi en exclusiva para la UE. En países como Brasil, por ejemplo, los salarios reales no experimentarían mejoras, lo que podría aumentar la desigualdad social.
A su vez, estos estudios no suelen contemplar:
- Los costos de reconversión de las empresas que queden en el camino.
- La pérdida de espacio de política pública (Policy Space), es decir, la libertad del Estado para fijar reglas y promover el desarrollo industrial a largo plazo.
Quienes defienden el acuerdo sostienen que el MERCOSUR se beneficiará mediante la modernización de sus normas y la llegada de inversiones extranjeras. Sin embargo, estas promesas suelen estar sobreestimadas y no compensan los riesgos de profundizar la dependencia de los productos primarios.
3. Normas «detrás de la frontera»: límites a la soberanía estatal
El acuerdo no solo reduce aranceles, sino que incluye capítulos regulatorios que condicionan la capacidad de los Estados para dictar sus propias políticas en áreas clave como:
- Servicios financieros y telecomunicaciones.
- Comercio electrónico y compras públicas.
- Propiedad intelectual y protección de inversiones.
Bajo estas reglas, los gobiernos se comprometen a no restringir la circulación de capitales, a no exigir a los inversores extranjeros transferencias de tecnología y a no dar un trato preferencial a las empresas locales.
4. Controles flexibilizados y riesgos ambientales
Para facilitar el comercio, el tratado busca reducir los llamados «Obstáculos Técnicos al Comercio» (OTC), es decir, las exigencias sanitarias, fitosanitarias y de aduana. La OCDE calcula que estos trámites representan entre el 2% y el 15% del costo del comercio mundial.
Sin embargo, para bajar estos costos se acordaron medidas polémicas:
- Autocertificación: La verificación de la carga queda principalmente en manos del propio exportador, trasladando la responsabilidad de control al país que recibe la mercadería.
- Presión sobre el principio precautorio: En la UE, este principio permite frenar importaciones preventivamente si hay sospechas de riesgo para la salud o el medio ambiente. El acuerdo tiende a relajar estos estándares.
En Sudamérica, la mayor cuota de exportación agrícola incentivará la expansión del modelo agrobiotecnológico. Esto no solo genera presión sobre zonas naturales como la Amazonia, sino que también fomenta el uso intensivo de agrotóxicos, fertilizantes químicos y el uso de antibióticos y hormonas en la producción ganadera.
5. El impacto específico en la Argentina
Para nuestro país, el costo de bajar aranceles es desproporcionadamente mayor. Mientras que la UE aplica hoy un arancel promedio bajo a la industria (4,2%), Argentina mantiene aranceles más altos (14,2% en promedio) para proteger la producción nacional y el empleo. Por lo tanto, el esfuerzo de apertura por parte de Argentina triplica al europeo.
Las consecuencias para el país son dobles:
- Competencia directa: Las industrias locales deberán competir con productos europeos más baratos.
- Pérdida del mercado regional (Desvío de comercio): Argentina destina el 44% de su producción industrial al MERCOSUR. Con este acuerdo, nuestros socios regionales podrían pasar a comprarle a Europa.
Un estudio del Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior (ODEP) de la UMET estima que podrían perderse hasta 186.000 empleos industriales en sectores sensibles como el automotor, autopartista, metalúrgico, químico y textil.
Como contrapartida, las ventajas para el sector agrícola sudamericano son acotadas: la UE logró imponer cuotas de ingreso estrictas para las carnes y conservó los millonarios subsidios a sus propios productores a través de la Política Agrícola Común (alrededor de 60.000 millones de euros al año).
Conclusión
Evaluar un tratado de esta magnitud exige mirar más allá de los números inmediatos e integrar la economía política, el derecho internacional y la sociología.
Aunque quedan aspectos por profundizar, este primer acercamiento nos permite concluir que el Acuerdo MERCOSUR – UE no presenta diferencias sustanciales con respecto a los Tratados de Libre Comercio firmados en las últimas décadas: lejos de impulsar una verdadera diversificación productiva, tiende a consolidar un modelo asimétrico y a limitar la capacidad de desarrollo de nuestra región.
*Carolina Zamboni, es licenciada en Relaciones Internacionales (UNSAM) e integra el espacio del «Patio Trasero» del ISEPCI.
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