Mercosur Nota 30.4.20

Argentina “para la pelota” en las negociaciones del MERCOSUR

La Argentina no abandona el MERCOSUR, ni tampoco es la responsable del riesgo que pudiese correr su propia existencia, sino que intenta preservar el proceso de integración en lo atinente al comercio intra-regional y a los acuerdos ya negociados.

Escribe: Ramiro Bertoni*
Reproducido del Boletín del Instituto Argentino de Desarrollo Económico (IADE)

Los actuales sucesos en el MERCOSUR han tenido interpretaciones malintencionadas tendientes a responsabilizar a la Argentina por la salida del bloque y del abandono de una política estratégica que nos acompaña desde el retorno de la democracia. En estas líneas buscamos discutir esa interpretación y evidenciar la complejidad de la situación a la que ha sido llevado el bloque, por los cambios políticos en su seno y en particular por compromisos violatorios de las normas del MERCOSUR asumidos en el año 2019.

Para comenzar, la regla de decisión del MERCOSUR ha sido el consenso, lo cual implica que todos tienen formalmente poder de veto. En el caso de desacuerdos, esta regla con países de tamaño tan diferente ha operado de otro modo -con variantes según las coyunturas y liderazgos en cada uno de los socios-: los dos grandes de alguna manera han logrado “persuadir” a los más chicos, y así el MERCOSUR mantuvo su cohesión atravesando diversas vicisitudes. Cabe señalar que, al tratarse de una Unión Aduanera (UA), los países delegaron la soberanía de su política arancelaria, aplicando un Arancel Externo Común (AEC), lo que los obliga a realizar negociaciones en bloque. (1)

Desde los años 2000, Paraguay y Uruguay, a causa de las asimetrías entre las estructuras productivas y las restricciones que operaron en el comercio intrazona -que poco se ha hecho por atenuar ambos temas-, pretendían que se abran mercados con nuevos acuerdos para exportar bienes primarios (Uruguay en 2007 intentó firmar un Tratado de Libre Comercio -TLC- con EE.UU.), asumiendo pocos costos al carecer de industrias relevantes. Brasil y Argentina limitaban dicha opción por los costos que implicaba para su proyecto de desarrollo y su entramado industrial.

Esto cambió en 2016 al llegar o consolidarse gobiernos aperturistas en los socios mayores. Así se logró consenso para concluir las negociaciones con la Unión Europea (UE), y con la European Free Trade Area (EFTA), iniciar otras con Corea, Canadá y Singapur y explorar acuerdos con Vietnam e Indonesia, entre otros. La nueva orientación y las necesidades políticas de Macri y Bolsonaro condujeron a concluir en junio del año pasado la negociación con la UE, para lo cual se retiraron las líneas rojas históricamente establecidas desde el MERCOSUR. Este acuerdo profundizará la primarización del bloque y limitará la posibilidad de aplicar ciertas políticas activas.

Como agravante, a fin de condicionar a la administración entrante ante un posible cambio de gobierno en Argentina, los gobiernos se comprometieron a que el Acuerdo pudiera implementarse bilateralmente para cada socio del MERCOSUR que lo ratifique -una vez aprobado en la UE. (2)

Este compromiso es violatorio de los principios del MERCOSUR, erosiona la regla del consenso e instala la amenaza de fractura del bloque como una UA -puesto que los países que primero ratifiquen el Acuerdo pasarán a tener libre comercio con la UE mientras el resto seguiría aplicando el AEC-.

A esto se suma que Brasil, desde mediados del 2018, con el apoyo de los socios menores, instaló la discusión sobre el bajo grado de apertura del MERCOSUR, propiciando una reducción significativa del AEC, la que obviamente se profundizaría con la negociación de nuevos TLC. (3)

En este marco, el nuevo gobierno argentino al asumir se abocó como tema prioritario a la crisis social heredada y a la renegociación de su deuda externa. En dicho contexto, también se dedicó a evaluar las negociaciones ya concluidas y la conveniencia de las que se llevaban adelante, señalando que en todas ellas se carecía de estudios de impacto (que incluso pueden ser interpretados de forma diversa de acuerdo a que sectores se quiera impulsar).

Así, la convergencia entre el cambio de orientación política en Argentina, el afianzamiento de políticas extremas en Brasil y el vuelco a la derecha de Uruguay, mostró a las claras las dificultades de plasmar una estrategia común de inserción internacional. En diciembre del 2019, Félix Peña -funcionario en los inicios del MERCOSUR, y un especialista que siempre ha sido coherente en defenderlo- señalaba sobre el doble desafío que enfrentaba el bloque (4): implementar cambios que pudieran mantener los logros y evitar su fragmentación.

Adicionalmente, la pandemia del COVID-19 desencadenó una crisis económica global de enorme magnitud, según la CEPAL la mayor en la historia de nuestra región. En un contexto de tal incertidumbre y de desafíos económicos y sociales para nuestros países, se suman nuevas dudas para continuar con las negociaciones de TLC, más aún si el principal socio que impulsa una agresiva liberalización ejerce un liderazgo distante del diálogo y la búsqueda de consensos.

Ante esta situación, la Argentina decidió “parar la pelota” de las negociaciones y analizarlas más en profundidad cuando todo aclare. La respuesta de Brasil y el resto de los socios es apostar a la continuidad de una mayor apertura del MERCOSUR, confirmando así la amenaza a la UA, ya iniciada en 2019 con la bilateralización acordada en la implementación con la UE.

En este contexto, se planteaba la siguiente disyuntiva: que la Argentina haga uso del poder de veto que otorga la regla del consenso, frenando las negociaciones que los otros socios quieren proseguir -ante lo cual la disolución del Mercosur con la constitución de un nuevo bloque con la la exclusión de nuestro país aparece como un escenario posible-, o bien retirarse de las negociaciones externas dejando libertad a los restantes socios.

En el primer escenario, si bien serían los otros países quienes deberían asumir el costo político, esta fractura posiblemente haría perder mucho de lo logrado en el MERCOSUR. En ese sentido, la posición argentina de permitir que el resto de los socios continúen las negociaciones externas ha sido generosa y de compromiso con la integración, centrada en explorar escenarios para que puedan procesarse las diferencias sin desarticular al MERCOSUR.

Por lo tanto, se deberá analizar una solución política y jurídica para que, si los tres países concluyen con éxito las nuevas negociaciones, puedan aprobarlas sin consenso. Así, salvo que la Argentina se sume a lo negociado, el MERCOSUR dejaría de ser una UA y convirtiéndose en un TLC con cierta profundidad (con acuerdos en temas laborales, migratorios, etc.), y a su vez, dentro del bloque, tres socios podrían mantener algún tipo de UA, que incluya nuevos TLC con otras regiones.

Estos cambios tienen efectos para la Argentina, que estaría considerando que el costo de una profundización de la liberalización comercial es mayor a la pérdida de parte del mercado en sus socios regionales a manos de los firmantes de los TLC (Corea, Canadá, etc.), y a las potenciales ganancias por exportaciones a estos nuevos destinos. (5)

A modo de conclusión

La primera conclusión es que la Argentina no abandona el MERCOSUR, ni tampoco es la responsable del riesgo que pudiese correr su propia existencia, sino que su postura intenta preservar el proceso de integración en lo ateniente al comercio intra-regional y a los Acuerdos ya negociados (incluidos los recientemente alcanzados con la UE y EFTA); la Argentina decide “parar la pelota” solo respecto a las nuevas negociaciones.

La tensión actual es fruto de que se ha llegado a un punto tal de diferencias en la elección de modelos de desarrollo e inserción internacional, que sostener el consenso dejaría en una marcada disconformidad a alguna de las partes, y si la Argentina utilizase su poder de veto, podría llevar a que sus socios elijan abandonar el MERCOSUR como tal y creen un nuevo bloque.

Este escenario se torna posible en gran medida por el cambio radical que experimentó Brasil en los últimos años, virando a un modelo neoliberal y de fuerte alineamiento con los Estados Unidos, lo cual lleva a menospreciar el valor de la integración, a lo que se suma la derrota del Frente Amplio en Uruguay.

Por lo tanto, la alternativa a forzar un consenso con pocas chances de ser sostenido, es buscar mantener lo ya construido y ampliar los grados de libertad en donde persisten diferencias irremediables. Esto llevaría al MERCOSUR a introducir cambios en lo atinente a la UA -quizás transitoriamente-, tanto en perforaciones por países de origen sobre el AEC, como en la toma de decisiones por consenso en negociaciones externas, pero preservando todo lo relativo al comercio intrarregional y a otras áreas el proceso de integración.

Es claro que esta solución le permite a la Argentina ampliar parcialmente el margen de maniobra en el área de la política comercial externa, reconociendo la liberalización con los socios del MERCOSUR y, a mediano plazo, con Europa (UE y EFTA). Esto nos compromete a discutir sobre cuál es el modelo de inserción internacional que contribuya a modificar nuestra matriz productiva e impulse un desarrollo inclusivo y sustentable.

Este es un desafío de enorme complejidad en un mundo en el que la globalización y sus instituciones acotaron el espacio de política de los países en desarrollo y donde las nuevas formas de organización de la producción y el comercio exacerbaron las formas de competencia, dificultando las estrategias de industrialización de países con ingresos medios.

Al mismo tiempo se abre una oportunidad ya que en los últimos años esta globalización comenzó a ser cuestionada, no solo por algunos países en desarrollo, sino también por países desarrollados. Actualmente coexisten dos tendencias: una hacia la profundización del libre comercio y otra que revaloriza la protección de los mercados internos, incluso EEUU realiza un fuerte cuestionamiento a la OMC, que podría llevar a fuertes replanteos en las regulaciones de los intercambios internacionales.

A este marco de incertidumbre, se le debe sumar los cambios en el plano geopolítico, económico y social que devendrán como consecuencia de la pandemia del COVID -19, conociéndose ya las estimaciones de los organismos internacionales que indican una profunda recesión mundial con sus consecuencias en el empleo y el comercio.

Así, en esta coyuntura es razonable actuar con cautela, evitar compromisos de mayor liberalización, y buscar preservar el MERCOSUR como una pieza que resguarde espacios de soberanía ante la imposibilidad de consensos. Habrá que esperar el cambio en ciertas condiciones políticas en los socios para que el bloque regional pueda retomar un diálogo constructivo y transformarse en un instrumento para mejorar la inserción internacional y potenciar el desarrollo.

Obviamente no se desconoce que la consecución de negociaciones comerciales externas -por parte del resto de los socios- que concluyan en nuevos compromisos de liberalización hacia otras regiones, erosionarán el objetivo previamente señalado.

(1) Existen perforaciones del AEC, algunas establecidas en el origen de la UA, y otras que surgen de las negociaciones, previas al MERCOSUR, que tenían los países en el marco de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración).

(2) La aprobación en la UE presenta cierta complejidad institucional, que no se trata en esta nota.

(3) En el sector automotriz, que explica la mayor parte del comercio entre la Argentina y Brasil, la firma entre este último y México de la liberalización del comercio en este sector, implicará en el corto plazo una perforación de gran amplitud de la UA, además de poner en riesgo el funcionamiento efectivo del régimen automotriz bilateral.

(4) “…Tal reflexión estratégica tendrá que incluir la necesaria adaptación del MERCOSUR a las nuevas realidades mundiales y a las de sus propios países miembros, en algunos casos en plena y compleja evolución. No se trata de incurrir nuevamente en el síndrome refundacional, que se ha manifestado con cierta frecuencia -casi siempre coincidente con cambios gubernamentales en alguno de los socios de mayor dimensión económica. Puede ser más práctico, eficaz y por ende recomendable, practicar el arte de la metamorfosis. Es decir, de impulsar cambios graduales que permitan capitalizar experiencias adquiridas y los resultados logrados y, a la vez, introducir las modificaciones que se consideren necesarias”. Newsletters Félix Peña: la Agenda 2020 del MERCOSUR (diciembre 2019).

(5) El acceso a nuevos mercados suele ser sobre estimado, a lo que se debe sumar el impacto diferencial de incrementar exportaciones ligadas a bienes primarios a cambio de mayores importaciones industriales. Por su parte, la idea que la apertura por sí conlleva a una mejor inserción en las Cadenas
Globales de Valor se debe analizar caso por caso, y más aún en un contexto en que tras la pandemia estas podrían reconfigurarse en muchos sectores.

* Docente de las Universidades Nacionales de Quilmes, Tres de Febrero, Moreno, San Martín y UBA; de la Di Tella y miembro del IADE y del Grupo de integración y Unidad Latinoamericana de CLACSO, y ex funcionario de la Comisión Nacional de Comercio Exterior.

Las lluvias son un fenómeno natural pero su alta capacidad dañina es un fenómeno social.

Escribe: Simón Cluigt*

Nuestra región nuevamente fue testigo de la deficitaria política pública municipal para contener, proteger y prevenir a los/as ciudadanos/as platenses de los efectos dañinos de las tormentas que año tras año se presentan en nuestra ciudad y en estas fechas.

Vox populi resulta y se presenta el conocimiento de que en esta época del año se incrementan las lluvias, su intensidad y la magnitud de los daños provocados por los fuertes vientos que las acompañan.

Hace unas semanas, desde el ISEPCi La Plata llamábamos la atención sobre la necesidad de planificar y ejecutar políticas públicas locales que contemplen en su diseño la integralidad necesaria teniendo en cuenta la realidad que viven miles de familias en nuestra región, y más aún, en un contexto de pandemia/aislamiento obligatorio como el que estamos viviendo.

Lejos de realizarlo, la Municipalidad sigue sosteniendo grandes déficits de infraestructura de los servicios públicos (co-responsable junto a EDELAP) sumado a las problemáticas que surgen de la ausencia de limpiezas y barridos municipales en gran parte de la región.

La política municipal parece limitarse solo a difundir alertas: en tempranas horas de la mañana, mientras en los barrios periféricos de la ciudad se caían postes de luz, volaban los techos de las casas, y las familias quedaban rehenes del mandato a no salir de sus casas por la pandemia, la Municipalidad de la Ciudad de La Plata difundía: “Tenemos un área de tormentas de variada intensidad afectando al noreste de la provincia de Buenos Aires que genera fuertes ráfagas de viento. Por este motivo hemos elevado a Amarillo el NAR por vientos hasta las 13:00 HS en nuestra ciudad”.

¿Cómo respetar el aislamiento obligatorio cuando son vulnerados tus derechos? Pregunta recurrente que se hacen las miles de familias que sufren por estos días la ausencia de políticas públicas integrales que atiendan esta situación. Bueno sería, que esa pregunta se la realicen las distintas esferas estatales con decisión en estas áreas, para que podamos avanzar en una protección integral ante este tipo de eventos.

Las lluvias son un fenómeno natural pero su alta capacidad dañina es un fenómeno social.

Para más información sobre el tema: https://www.0221.com.ar/nota/2020-4-28-10-11-0-tormenta-viento-arboles-caidos-y-cortes-de-luz-sigue-el-alerta-y-asi-estan-las-calles-de-la-plata?fbclid=IwAR0P-gHQfsDXhlx8O646YNPQj2zYpNKX8TE5wtqre6J0SeDq1DLic-kTe1s

* Simón Cluigt, es Director del ISEPCi de la Ciudad de La Plata

Contacto: 2214950771

Educar en tiempos de pandemia

“Enseñar no es transmitir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción” como nos enseñara Paulo Freire.

Escribe: Josefina Morello*

En estos tiempos, difíciles y de grandes cambios, de mirarnos y mirar a los otros, tiempos de pandemia y aislamiento social, quienes trabajamos en educación nos vemos interpelados.

La comunidad educativa en su conjunto se está viendo afectada, no solo porque los tiempos, los espacios y las formas de agrupamientos escolares se han modificado, sino porque para poder continuar con la enseñanza y el aprendizaje de los contenidos es necesario contar con recursos tecnológicos que hasta este momento no eran excluyentes.

Si acordamos que las prácticas educativas son prácticas sociales y por ende las instituciones educativas son instituciones sociales, ¿Cómo se reordena esta institución en tiempo de aislamiento social?

Estamos en un momento donde las paradojas o contrasentidos de la educación se revelan con más fuerza que de costumbre ¿Es posible que la educación lleve adelante su función de socialización en medio de un aislamiento social? ¿Es posible pensar en la formación ciudadana, en educar para la democracia, debatir sobre los derechos cuando hay quienes ven violentado su derecho a la educación por no contar con recursos tecnológicos y conectividad? ¿Es posible la construcción colectiva de saberes y conocimientos, acompañar y contener a estudiantes que no cuentan con tecnología?

La educación a distancia, las nuevas tecnologías y la conectividad son modalidades y herramientas cuya efectividad está sujeta a los diferentes contextos, pueden dar respuestas satisfactorias o no a cuestiones educativas, pueden garantizar o no el derecho a la educación, pueden ampliar o no el ingreso de nuevos sectores a la escolaridad. Es decir que su acierto o desacierto depende de los condicionantes contextuales, las posibilidades, los medios, recursos con los que cuenta la población, es decir, su éxito está sujeto a si esa educación es pensada desde y con los/las otros/as, no sólo para los otros, como diría Freire.

La educación presencial y la educación a distancia se planifican y desarrollan de manera diferentes. Por eso no es simple que la educación presencial migre a la virtualidad y siga funcionando como si nada sucediera, sobre todo cuando los datos que arroja el INDEC nos dice que el 63% de la población tiene una computadora en su hogar, es decir, casi la mitad de la población no accede a una computadora. Esto sin tener en cuenta aquellos hogares que solo tienen una computadora y que deben compartirla entre cuatro o cinco personas.

Algo nos acontece como sociedad, estamos cambiando, nuestros tiempos, espacios y maneras de estar con los/as otros/as son diferentes.
Pero, ¿Cómo era la sociedad antes del COVID-19? ¿Cómo era la educación antes del aislamiento social? ¿Era mejor? ¿Todos teníamos las mismas oportunidades de acceder a una educación de calidad? ¿Era una educación que garantizara el ingreso al mercado laboral? Seguramente nuestra respuesta es no. Por eso partimos este escrito diciendo que estamos en un momento donde los contrasentidos de la educación se revelan con más fuerza que de costumbre, existieron antes del COVID-19.

Tonucci, uno de los referentes en educación, nos dice: “La contradicción que encuentro es que la escuela quiere demostrar que se puede seguir como antes, y sigue siendo una institución de clases y deberes”. Entonces, ¿Por qué insistir con hacer lo mismo cuando “todo ha cambiado”?

El gran desafío que se nos presenta a los educadores y educadoras, nuestro reto es pensar en una educación para los nuevos tiempos, sabiendo que “enseñar no es transmitir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción” como nos enseñara Paulo Freire.

*Directora del Área de Educación del ISEPCi de la Provincia de Salta

De “El Eternauta” al mundo después del coronavirus

 

La pandemia de COVID-19, al igual que la nevada mortal en la ficción, tomó al mundo por sorpresa. La llegada de lo exterior genera impacto, pero luego muchas preguntas interiores. El virus, en su omnipresencia comunicacional, nos recuerda la finitud y nos hace reflexionar acerca de la vida en su totalidad: de lo individual a lo comunitario, todo lo que conocemos cambiará indefectiblemente, a escala global. Este artículo traza un paralelismo entre la ficción y la realidad y pretende generar algunas preguntas tendientes a acelerar debates urgentes sobre el mundo en que queremos vivir.

Escribe: Javier Núñez*


¿Se dan cuenta los hombres de toda las maravillas que los rodean? (…) Lástima que los hombres solo dan valor a lo raro. No aprecian lo que abunda. Para ellos vale más un trozo de oro en bruto, sin trabajar, que una hoja de árbol o una pluma de pájaro.

H.G. Oesterheld, F. Solano López, El Eternauta

Invasión

En 1957, la Argentina, que en ese entonces consumía masivamente historietas, veía una novedad en las páginas de Hora Cero Semanal. Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López acababan de darle vida a El Eternauta, más tarde el ícono por excelencia de la historieta nacional. El argumento era muy similar al de La Guerra de los Mundos de H.G Wells: una invasión extraterrestre a la Tierra, la derrota de las fuerzas armadas para combatirla, la posterior resistencia de milicias organizadas. ¿Por qué El Eternauta sobresalió entre la enorme oferta de historietas de esos años?

La originalidad de Oesterheld fue ambientar la historia en Buenos Aires, con barrios, emblemas y personajes reconocibles por cualquier lector gracias a los dibujos de Solano López, tal vez el artista que más se dedicó a mostrar los rasgos físicos de “la argentinidad”. Ya se había leído sobre invasiones a Nueva York y Londres. Sin embargo, ¡Cuánto más fácil identificarse, ser parte del relato, cuando una invasión transcurre en Argentina! En un chalet de Vicente López, Juan Salvo, su familia y sus amigos quedan, de repente, aislades,  ya que en las calles cae una nevada mortal, copos de una especie de nieve que matan todo lo que tocan.

No pueden salir. Un elemento externo los obliga a quedarse en casa. El mundo, tal como lo conocen, cambió. Surgen preguntas: “¿Y ahora, de qué voy a trabajar?”. La trama se complejiza, la nevada mortal es en realidad el arma que anuncia la llegada de los Ellos, una especie extraterrestre dedicada a invadir mundos y someterlos. De los planetas invadidos obtienen recursos naturales, a sus habitantes los utilizan como fuerza de trabajo. Ellos son definidos como “el odio cósmico”. ¿Podrán nuestros héroes repeler la invasión? ¿Existirá un planeta en el que vivir, o será destruido?

Ellos 

¿Podemos pensar a Ellos como un símbolo de las condiciones externas que determinan el desarrollo de una Nación? Un Oesterheld ya politizado hará en 1969 una versión de El Eternauta donde las potencias extranjeras entregan a América del Sur a las fuerzas invasoras. El escritor trabajará un argumento similar en La Guerra de los Antartes (1970-1974). En ella, los invasores exigen el dominio de nuestro continente para no destruir la totalidad del planeta. Las potencias acuerdan, solo los países africanos protestan en solidaridad con Latinoamérica. Oesterheld capta en esas historietas el espíritu intelectual de la época, donde conceptos como “neocolonialismo”, “descolonización”, “teoría de la dependencia”, estaban a la orden del día.

Tanto la historieta como las demás artes se dedican a pensar escenarios posibles. Utopías, distopías y ucronías son recursos utilizados para imaginar escenarios distintos al presente. Interrogantes como: “¿Qué pasaría si…?”, “¿Y si mañana…?” activan el mecanismo humano por excelencia, el de la imaginación.

Cuando llegó esta pandemia de coronavirus, de algún modo estábamos preparades. Pero no gracias al conocimiento histórico. Al fin y al cabo, ¿Quién sabe que la gripe española se cobró, en 1918, la vida de 14.997 personas solo en la Argentina, 50 millones en el mundo? ¿Cuántos tienen conciencia de que la primer guerra epidemiológica la inició España en la América precolombina, trayendo el sarampión y la viruela entre otras enfermedades y reduciendo en un 95% la población? No manejamos esa información. Sin embargo, Hollywood nos machaca hace años con esos escenarios; lo de hoy nos genera un déjà vu.

Ellos somos nosotres 

Ahora bien, lo verdaderamente fascinante en estas historias, como El Eternauta, es descubrir la reacción de la humanidad ante el factor externo. “Lo primero son las armas”, decía el profesor Favalli, pesimista, seguidor de Hobbes y de la concepción de que “el hombre es lobo del hombre”. Juan Salvo se niega a adherir esa lógica de pensamiento, tiene esperanza en el accionar grupal. De a poco, nos olvidamos del invasor, lo atractivo en el relato empieza a ser la interacción humana frente a la invasión. ¿Quiénes somos ante la ruptura de lo cotidiano, del statu quo, la rutina que nos moldea? ¿Qué facetas individuales y colectivas salen a relucir? En The Walking Dead (los “muertos caminantes”) el protagonista tiene un momento revelador. Entiende que los zombis son solo eso, zombis. Y se da cuenta de que los muertos vivientes son ellos mismos, los últimos humanos de pie: en un planeta condenado, los zombis seguirán adelante, quienes tienen los días contados son los vivos. Así, los y las zombis se convierten en un recurso para en realidad reflexionar sobre quiénes somos y qué hacemos ante el apocalipsis.

La naturaleza recupera espacios debido a la cuarentena, mientras se descuida el medio ambiente (Télam)

En la misma línea, Malcolm, el matemático creado por Michael Crichton en Parque Jurásico, sostenía que ante una crisis planetaria el problema no es el planeta en sí mismo: al fin y al cabo, la Tierra seguirá girando. Ya sea que caiga un meteorito o que la destruyamos con nuestra presencia depredadora, la evolución y el tiempo reequilibran las cosas. El problema, afirmaba Malcolm, es nuestra supervivencia como especie. En última instancia, Malcolm criticaba la ceguera generada por el afán de lucro, ese deseo de obtener dinero que había motivado a emprendedores y científicos a clonar los dinosaurios para crear un parque de diversiones.

A pesar de que él había advertido que todo saldría mal, el proyecto siguió adelante, así como su estrepitoso fracaso. Así, con el pretexto de los dinosaurios, Crichton reflexiona sobre las atrocidades cometidas en nombre del espectáculo.

“¿Quién eres, humano?”, se pregunta el coronavirus

Si lo esencial es invisible a los ojos, entonces el COVID-19 se convirtió en lo esencial en este momento histórico. Pero no por el virus en sí mismo. El virus es como los zombis, como la nevada mortal, como los invasores. Es simplemente un factor externo. El propósito de estas líneas es intentar ver al virus como un reflejo. Así como cada mañana nos vemos a los ojos frente al espejo, ¿Qué pasa cuando analizamos el impacto de la pandemia? ¿Qué sale a la luz? ¿Somos solidaries o somos egoístas? ¿Tenemos sistema de salud pública, o consideramos la salud como una mercancía? ¿Dejamos morir a los ancianos o los cuidamos? Los países, ¿se aíslan o cooperan? ¿Qué haremos cuando el virus llegue a África, dejaremos que se arreglen? ¿Cuál debe ser el rol del Estado, intervenir o no intervenir? Ninguna de estas preguntas es original, pero la crisis acelera los tiempos, las respuestas son necesarias ante la inminencia del peligro. De repente, el instinto y la pulsión de vida de les seres humanos entra en acción, la especie quiere seguir adelante.

La cuestión es: de qué manera. Este es el meollo del asunto, lo que nos interroga Covid mirándonos a los ojos. Ya en la Antigüedad, la llegada de una epidemia generaba preguntas acerca de su origen, los cambios necesarios en el porvenir, los aspectos a corregir. El capitalismo actual nos convirtió en seres generalmente incultos, con escasa memoria generacional. Al transformarnos a todes en consumidores, nuestro deseo es obtener dinero para consumir, en un ciclo nada virtuoso.

Poco nos importa el pasado, mucho menos el futuro, nuestro aquí y ahora se aleja mucho de la filosofía budista y nos acerca a las langostas y su vínculo devastador con los cultivos. Queremos todo y lo queremos ya. Por suerte existen matices, y la reacción de las naciones puso en evidencia, cual vidriera, los valores de cada sociedad. Hay demasiado ruido y demasiada información, pero existe una gran noticia: todo está en discusión. Absolutamente todo. El punto es qué rol vamos a jugar en esa discusión, qué queremos plantear y qué lugar elegiremos para hacerlo. Veamos algunos debates que se están dando en el mundo.

Gran Hermano/Gran Ciudadano; Naciones aisladas/Solidaridad global

El historiador israelí Yuval Noah Harari dice que tenemos que tomar dos elecciones en esta crisis: por un lado entre una vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano, y por otro lado entre el aislamiento de las naciones y la solidaridad global. En relación con la primera elección, se veía venir. Ya George Orwell en 1984 introducía al Gran Hermano. Pero el salto tecnológico de los últimos años permitió el famoso Big Data, es decir, la capacidad de procesar inmensos volúmenes de datos. La novedad del Big Data es que empodera a las máquinas, por eso hoy hablamos de algoritmos, deep learning, inteligencia artificial, etc. Lo que antes analizaban sesudos expertos gracias a su conocimiento y experiencia, hoy es reemplazado por algoritmos que permiten establecer correlaciones y, he aquí la cuestión, predicciones.

Si bien ya venimos regalando alegremente nuestra información cada vez que bajamos una app, y ponemos nuestra privacidad en manos de Google, Facebook y Amazon, la pandemia trae una novedad: el análisis biométrico masivo y compulsivo. La advertencia de Harari y otros intelectuales es: ojo muchaches, cuando hay crisis aceptamos cosas que normalmente no aceptaríamos, y después esas cosas se convierten en sistémicas. Hoy te pido los datos de tu ritmo cardíaco para ver si tenés síntomas. Pero mañana, tal vez puedo usar esa información para ver cómo reaccionás ante determinado contenido publicitario. O idea política. O lo que sea.

La privacidad en jaque con medidas que van a un mayor control de la población

La otra cuestión que plantea Harari es cuál será la reacción de los Estados Nación. Hasta ahora cada país reaccionó como quiso, riéndose de 100 años de construcción de organizaciones supranacionales. El Covid puso en evidencia su inmensa fragilidad. ¿Es culpa del virus? No, son nuestras instituciones, nuestras creencias, nuestros aprendizajes en la escuela. El presidente francés, Macron, sostiene que el actual modelo de globalización, responsable de la caída del muro de Berlín, en los últimos años “socavaba la democracia” y estaba llegando a un fin de ciclo debido al aumento de la desigualdad en el seno de los países desarrollados.

De la noche a la mañana, ni siquiera la OMS asumió un rol fiable, en todo caso fue orientador. El líder del mundo libre (¿no es lo que dicen las películas?), Estados Unidos, le dio la espalda al Viejo Mundo y colgó su liderazgo en el placard. También renegó de su propio pueblo, negando la enfermedad y ponderando -otra vez- el afán de lucro por sobre el valor de la vida. Nuestro hermano y socio principal, Brasil, es conducido por un psicópata que boicotea la cuarentena. ¿Hay alguna novedad? Ninguna, simplemente la crisis exalta los valores de esos líderes y, en alguna medida, las sociedades a las que representan.

La pandemia está lejos de terminar. El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, advierte que si no hay ayuda y una acción global coordinada, tanto su país como muchos países africanos fracasarán en el combate invisible contra el virus. Desde Argentina, ¿Cuál será nuestro accionar regional?

La economía y el Estado

El FMI describe esta crisis como la peor desde la Depresión de 1930. Absolutamente todos los países entrarán en recesión en 2020. Los países europeos ven crecer exponencialmente la deuda pública. Algunos ensayan tímidamente el salario universal, dejan picando el debate.

Simon Mair es un economista inglés del conjunto de estudios interdisciplinarios llamado “economía ecológica”, que busca reducir la producción a escala global para disminuir progresivamente el cambio climático. Desde el seno del mundo anglosajón, esta corriente no solo critica al neoliberalismo sino que pone en duda las medidas keynesianas para salir de la recesión. No se trata, dicen, de poner plata para que haya mayor producción al mejor estilo de “economía de guerra”. Al contrario, sostienen que hay que cambiar “el chip de la economía” y pensar en cómo encarar una economía que produzca en menor escala. Trabajan en propuestas como la reducción de la jornada laboral, trabajar más despacio y con menos presión. En relación a la pandemia, Mair afirma que “el coronavirus, así como el cambio climático, son en parte un problema de nuestra estructura económica”.

El inglés realiza un pequeño juego. Combina dos variables: valores (¿maximización del lucro o de la vida?) y forma de organización política (¿centralizada o descentralizada?). De esta combinación prevé cuatro futuros posibles: el descenso a la barbarie, un estado capitalista fuerte, un estado socialista radical, una sociedad de ayuda mutua. El primer escenario es el más temido por el autor: el abandono estatal de los desempleados/as en esta crisis. Allí, Mair ve la quiebra de las empresas, el hambre de los trabajadores y el colapso de los servicios de salud. El segundo, un fuerte capitalismo estatal, se aleja del neoliberalismo, abraza las medidas keynesianas, retoma la intervención de la economía.

Ve factible esta posibilidad solo si la pandemia es corta, ya que si se alarga, ¿hasta dónde llega la capacidad del Estado para sostener el mercado? En el tercer escenario, hay un cambio cultural: se privilegia la vida por sobre la ganancia. El estado socialista nacionaliza y gestiona hospitales, y asume la producción en los sectores de la economía esenciales para la vida: comida, energía y vivienda. Los ciudadanos/as reciben del Estado una renta que les permite acceder a los bienes básicos y bienes de consumo realizables con una fuerza de trabajo reducida. Este estado, supone Mair, puede surgir si la pandemia se prolonga en el tiempo. El último escenario, el de la ayuda mutua, plantea la organización de redes y las respuestas comunitarias de base, que pueden surgir ante la falla de los estados o simplemente cuando confluye el deseo de ayudar a los y las demás.

Señalo algo importante: cuando Keynes realiza sus propuestas a Roosevelt en el marco de la crisis del ‘30, del otro lado del mundo amenazaba la Unión Soviética con una propuesta distinta de forma de vida. La reacción occidental, al desarrollar los Estados de Bienestar, se dio porque existía el fantasma del comunismo. Hoy no hay ningún sistema económico alternativo o revolución en ciernes: ¿es posible que en el seno del capitalismo (¡Inglaterra! ¡Alemania!) se ponga en marcha un cuestionamiento profundo al sistema?

¿Otro mundo es posible?

Esa pregunta es una de a las más repetidas, uno de los leit motiv de la humanidad, la esperanza. Como tantas otras veces en la historia, es mucho lo que está en juego. Y nadie sabe cuál será el devenir de la pandemia. No pocas personas temen un rebrote en China. O en los países que flexibilicen la cuarentena. Ante la incertidumbre, los gobiernos de todos los países improvisaron decisiones con los recursos que tenían a su disposición. Las sociedades, temerosas, seguimos obedientemente las indicaciones de personas igual de desconcertadas que nosotres. A partir de las preguntas desarrolladas en estas líneas, el propósito es llamar a la acción intelectual.

Israel, 2000 personas contra Netanyahu con distanciamiento físico (T.Appelbaum)

Si desde el campo popular no ponemos en marcha debates y tomas de posición sobre el mundo poscoronavirus, el saldo se lo llevarán los sectores conservadores. En Francia, astutamente, el republicano derechista Aurélien Pradié hace autocrítica, habla de una “derecha social”, revindica el rol del Estado, el valor del trabajo por sobre el sector financiero… En 2008, tras el rescate de los bancos por los Estados, la centroizquierda europea consideró evidente que no volvería a discutirse la importancia del rol estatal. Y se sorprendió mucho cuando avanzó la ola de derecha. Tras esta pandemia, ¿Cuáles serán las voces y las ideas dominantes? Ya que los gobernantes no están generando los debates, las organizaciones del campo popular debemos iniciarlos.

La ciencia ya demostró que el origen de los virus de los últimos años está vinculados a la acción humana, nuestro modo de producción, nuestro tipo de alimentación. ¿Va a pasar la pandemia, y seguiremos como si nada? ¿Estos días quedarán en el recuerdo hasta el próximo virus? ¿Volveremos a la explotación del hombre por el hombre, o reflexionaremos sobre nuestros valores? ¿Entregaremos lo último que nos queda de privacidad -el latir de nuestros corazones- a algoritmos?

Movilización de Barrios de Pie en Tucumán con distanciamiento físico

Pero también es importante llamar a la movilización. El distanciamiento social debería ser llamado distanciamiento físico. Respetemos esas reglas para cuidarnos entre todes. Pero sin perder el componente más importante que tienen los pueblos, tan presente en la Argentina: la presencia en la calle.

El historiador Mike Davis, especialista en globalización y sus desastres, dijo en estos días que “el resultado político de la epidemia será, como todos los resultados políticos, decidido por la lucha, por batallas sobre la interpretación, por señalar qué causa los problemas y qué los soluciona. Y tenemos que llevar ese análisis al mundo como sea”.

Hace poco, en Tucumán se realizó una protesta por falta de pago de trabajadores de centros comunitarios de Barrios de Pie. Mientras se escriben estas líneas, en Tel Aviv unes 2000 manifestantes salieron a la calle para rechazar las medidas del Primer Ministro Netanyahu, advirtiendo que “así mueren las democracias del siglo XXI”. La experiencia, inédita para los seres vivos de hoy, de compartir sin excepciones un mismo hecho social, puede significar una gran oportunidad para trabajar la empatía, el reconocimiento del otre, ese prójimo. Sin dudas Juan Salvo, El Eternauta, que anda rebotando en el continuum, se materializaría aquí para aportar toda su experiencia de lucha.

*Javier Núñez, es politólogo y comunicador. Investigador de ISEPCi

Contacto: 1152207018

Economía en descenso, precios en ascenso

En plena cuarentena y con la economía en descenso generalizado los precios de algunos alimentos siguen en ascenso permanente.

Escriben: Isaac Rudnik y Juan Fresno

Entre el 15 y el 17 de abril pasados, desde el ISEPCi/IBP, realizamos un nuevo relevamiento de precios, alcanzando a mil cuatrocientos negocios de cercanía en veinte provincias.

Desde el último chequeo similar que hicimos hace dos semanas -entre el 27 y 29 de marzo- se verificaron aumentos significativos en siete de los diecisiete productos relevados.

El litro de leche fluida y el kg de pollo subieron un 8,33%; el kg de tomate 7,14%; el kg de manzanas 6,25%; la carne picada 3,70%; las bananas 1,52%; y la lechuga 1,01%. Entre los productos de limpieza relevados (detergente, lavandina y papel higiénico) no se registraron aumentos.

Si la comparación la realizamos con los precios relevados por el Índice Barrial de Precios (IBP) en varias provincias del país, se observan aumentos importantes en una buena cantidad de productos de la Canasta Básica de Alimentos (CBA). Entre ellos azúcar (50%), papa (33%), yerba (32,50%), pollo (30%), aceite (27,67%), carne picada (27,27%), nalga (24,69%), lechuga y tomate (25%). Entre los productos de limpieza, el papel higiénico subió 18,18% y la lavandina 11,11%.

El informe del INDEC para el primer trimestre muestra claramente que la inflación general sigue siendo muy fuerte en el inicio del año (7,8%), pero es totalmente superada por los incrementos en los precios de los alimentos, los cuales llegan al 11,7%. Los costos de los grandes productores y las grandes cadenas de comercialización -que fijan los aumentos generales- no justifican estos a aumentos.

La única explicación creíble es su decisión de mantener a toda costa la masa de ganancia que obtienen en épocas “normales” en tiempos que no lo son. En consecuencia, hay un acelerado deterioro de las familias que no tienen incrementos de sus ingresos, o los que les llegan son absolutamente insuficientes.

Volvemos a reclamar un más firme y extendido control de los precios de las Canastas Básicas.

Contacto: 1141882603

Llegaron las seis cifras

A 78 días de la primera víctima fatal del coronavirus se superan los 100.000 muertos en todo el mundo. Pareciera que ataca a todos por igual, pero deja en evidencia las crecientes desigualdades en las que vivimos.

Escribe: Santiago Martínez Laino*

Llegó la fecha, luego de 78 días de la primera víctima fatal del coronavirus se pasó la barrera de las 100.000 personas fallecidas en todo el mundo, un virus que ataca la esencia del ser humano como ser social, con una transmisión 10 veces más potente que la de la gripe. Un virus que nos ha llevado a proponer el aislamiento como medida esencial para protegernos.

El 19 de marzo el Presidente Alberto Fernández, con el consenso de los gobernadores, de las fuerzas políticas con representación parlamentaria, los movimientos sociales y la gran mayoría de la población, dictaba la cuarentena o el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Ese día en Argentina había 3 personas fallecidas por el Covid-19, en tanto que en el mundo sumaban 9850 las víctimas fatales, desde ese día hasta hoy pasaron tres semanas y un día. Tan sólo 22 días para que se multiplicaran por 10.

El crecimiento exponencial fue asombroso, me llamó la atención que si uno contaba la suma de los últimos siete días, eran más de la mitad de la totalidad de las víctimas mortales hasta ese momento. Esa suma parcial se repitió al otro día, al otro, y al siguiente. Se superaron los 20.000 muertos el 25 de marzo, los 30.000 el 28 de marzo, los 40.000 el 31 de marzo y los  50.000 el 2 de abril, hace apenas una semana y un día.

Estamos ante las medidas correctas en materia sanitaria, basta ver como se dispararon las cifras mortales en Brasil, quien tuvo su primera muerte por Covid-19 luego de diez días de la ocurrida en Argentina o en Estados Unidos que viene escalando posiciones en ese ranking siniestro y si no es mañana, pasado mañana seguramente pasará a la delantera.

Como decía al principio, este es un virus que ataca a hombres y mujeres en su característica esencial como ser social. Ataca a las multitudes que fueron protagonistas de la historia. Pero al mismo tiempo requiere un comportamiento colectivo y solidario para poder vencerlo.

Es un virus que desnuda las injusticias del sistema, que aunque pareciera que ataca a todos por igual, deja en evidencia las crecientes desigualdades en las que vivimos

Thomas Piketty en un párrafo en la introducción de Capital e Ideología afirma:El aumento de las desigualdades socioeconómicas observado es la mayoría de los países y las regiones del planeta desde la década de 1980/1990 figura entre los cambios estructurales más inquietantes a los que el mundo se enfrenta a comienzos del siglo XXI. Es muy difícil imaginar soluciones a otros desafíos de nuestro tiempo, empezando por los climáticos y migratorios, si antes no somos capaces de reducir las desigualdades y construir un estándar de justicia económica que sea aceptado por la mayoría”.

Esas desigualdades, en nuestro país se expresan en tener un Índice de pobreza que alcanzó al 35,5 % de los habitantes en el segundo semestre del 2019, según el INDEC. Es decir que sobre una población de 47 millones de habitantes, alrededor de 16,4 millones de personas no tienen los ingresos suficientes para adquirir la alimentación, los servicios básicos y la  indumentaria que se requieren para no ubicarse por debajo de la línea de pobreza.

Es por eso que no podemos hablar de igualdad ante el Covid-19 porque no existe esa igualdad previa. No podemos hablar de un solo tipo de cuarentena o un solo tipo de medidas para que no afecte a los múltiples sectores afectados por la pérdida de ingresos debido a las justas medidas de aislamiento que debemos tomar para no ser alcanzados masivamente por este virus que en nuestro país puede tener efectos devastadores.

Frente a eso es necesario recurrir al Estado, ese mismo Estado que fue diezmado por las políticas neoliberales. Que fue ajustado y recortado en educación, salud y ciencia. Donde las y los profesionales y trabajadores que reciben el aplauso de las 21hs., cobran sueldos magros, muy, muy magros, producto de décadas de mala gestión, lo mismo que los científicos que antes, en los 90, fueron enviados a lavar los platos y que luego se les recortó el presupuesto en forma abusiva en los últimos cuatros años. Hoy se les implora a quienes trabajan en el Instituto Malbrán que encuentren una vacuna o alguna solución cuando han sido desfinanciados en forma sistemática.

El Estado, que tiene la solvencia que tiene, debe ser muy creativo a la hora de buscar soluciones ante un hecho inédito en la historia mundial. En materia económica la situación era ya muy crítica antes de la pandemia. Con la decisión de la cuarentena, hay múltiples áreas y sectores de la economía formal y sobre todo de la economía informal que han visto reducida o detenida su actividad. Empresarios pequeños y medianos, comerciantes, monotributistas, cuentapropistas, se han quedado sin ninguna fuente de ingresos, el Estado dio algunas respuestas, parciales y tardías hasta ahora. Lo cierto es que estamos ante muchas incertidumbres con respecto a este virus y cómo derrotarlo. Es por eso que la cuarentena tiene fecha de inicio pero es incierta la fecha de finalización.

Como ejemplo es bueno tomar a los movimientos sociales, los mismos que permanentemente son desprestigiados y estigmatizados como: “los piqueteros”. Pero son esos mismos movimientos sociales que desde la crisis del 2001 se vienen poniendo al hombro, en los sectores más vulnerables, la forma para hacerle frente al hambre y la miseria. Esta forma tiene un método. Ese método es plantear la  solución desde una propuesta colectiva y comprometida, donde las mujeres son protagonistas y discuten desde ahí también la desigualdad de género. Esos movimientos sociales una vez más se pusieron al frente de la crisis con sus comedores y merenderos en medio de la pandemia. Fueron y son solidarios con las y los jubilados en las filas de los bancos en todo el país como lo hizo Barrios de Pie-Libres del Sur. El método es el mismo, el solidario y colectivo.

Un Estado más creativo con la crisis como constante

Tampoco se sabe bien cómo se flexibiliza o se sale paulatinamente de la cuarentena. Frente a esto el Estado debe buscar soluciones a largo plazo. La única certeza que tenemos es que no hay certezas, que las medidas de aislamiento social e higiene deben continuar. Es por eso que hay que planificar una salida que vaya poniendo en marcha alguna actividad económica, o distribuyendo los ingresos necesarios para que las y los trabajadores no vean peligrar su fuente laboral. Para que las familias no pierdan en absoluto sus ingresos.

No es fácil, pero seguramente habrá que instrumentar medidas de prevención sanitaria mayores a las que veníamos teniendo o de circulación mínima de gente, con turnos rotativos, manteniendo las distancias. Pero que habilite ir recuperando algún nivel de actividad económica que nos permita distribuir un mínimo de ingresos hasta que pase el pico de contagios. Todo parece indicar hasta que pase el invierno.

También puede ser una buena oportunidad cuando pase la pandemia para intentar un país y un mundo con menos desigualdades. Bien podría ser que la de desigualdad de ingresos tienda a aumentar como consecuencia de la operación de los mercados -una ley ‘newtoniana’ de la distribución de ingresos, a menos que los gobiernos contrarresten esta tendencia o surja algún cataclismo.” Decía Adam Przeworski en ¿Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones?

¿Un dato alentador?

Volviendo al principio de esta nota, donde se marcaba que la tendencia de aumento exponencial iba creciendo, decía que desde el 19 de marzo, si uno contaba para atrás 7 días y sumaba las victimas mortales del Covid-19, eran más de la mitad del total hasta ese momento. Esa conclusión, se fue repitiendo en los días posteriores, hasta el 5 de abril inclusive. Pero desde el 6 de abril ese incremento dejo de verificarse. No quiere decir que no hubo incremento en los casos día a día. De hecho el día con más decesos fue el 7 de abril con 7300.

Otro dato optimista es que nuestro país viene llevando este aislamiento solidario en forma masiva y eso hace que solo tengamos que lamentar 82 fallecidos en 39 días luego de detectado el primer infectado de Covid-19, mucho menos de los de Brasil, con un presidente irresponsable como Jair Bolsonaro o los de otros países que no llevaron a tiempo estas medidas preventivas.

Seguramente el 2020 no será un buen año, pero depende de todes que no sea peor. También depende de todes que empecemos a pensar un país y un mundo con menos desigualdades.

*Dirigente Nacional de Libres del Sur

Tw: @clorfus

El uso de barbijos en la prevención del coronavirus

Ante el avance de la pandemia de Covid-19, resulta necesario profundizar en los debates que se están dando entre especialistas y organizaciones en el mundo a medida que se va conociendo en mayor medida el comportamiento de este virus. Uno de estos temas gira en torno al uso del barbijo.

Escribe: Laura Lonatti*

Las opiniones de profesionales e instituciones sanitarias remarcan que el uso del barbijo no reemplaza al distanciamiento, ni tampoco al lavado de manos como principales medidas de prevención para impedir la diseminación del coronavirus. Sin embargo aparecen voces que instan a utilizar todos los medios posibles para aplanar la curva de contagios.

Hasta el momento en la Argentina no hubo modificaciones en el protocolo sobre el correcto uso de barreras protectoras como el barbijo, en consonancia con la Organización Mundial de la Salud (OMS) (especificó que el uso de barbijos es necesario únicamente para personas que presenten síntomas respiratorios). El Ministerio de Salud de la Nación continúa señalando que el uso de barreras protectoras personales como los barbijos solo están recomendadas para personas que presentan síntomas de infección respiratoria: fiebre junto a tos, dolor de garganta o dificultad respiratoria y para personal de salud que atiende a personas con síntomas respiratorios.

En la Argentina y en el mundo se desarrollan trabajos de investigación donde se analizan las “rutas virales”, la distancia que pueden recorrer las gotas de saliva después de un estornudo. Estos estudios sugieren que las exhalaciones, los estornudos y la tos no solo consisten en gotas de corto alcance, sino que están formadas por una nube de gas que atrapa el aire ambiental y transporta un continuo de gotas de distinto tamaño. Analizar exactamente cómo viaja el virus a bordo del aliento es clave para evaluar con precisión si sirven o no los barbijos o máscaras, y de qué tipo, para que sea efectiva la barrera de prevención del contagio.

Qué está sucediendo en el mundo

En una videoconferencia con periodistas organizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la doctora Seon Kui Lee, directora de la División de Evaluación de Riesgos y Cooperación Internacional del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Corea del Sur (KCDC), dio algunos consejos para contener la pandemia en base a la exitosa experiencia coreana: “En cuanto al uso de mascarillas por parte del público, nosotros recomendamos que las usen solamente quienes tienen síntomas. Pero como el COVID-19 muestra muy pocos síntomas en muchos casos, también recomendamos su uso a quienes por su trabajo estén en contacto con mucha gente…”.

Recientemente se conoció que  los Centros de Control Epidemiológico de los Estados Unidos (CDC) decidieron recomendar a los norteamericanos que usen “máscaras faciales de tela” para evitar la propagación del nuevo coronavirus.

Tal decisión seguramente tiene que ver con el escenario epidemiológico, la etapa por la que se está atravesando en cada país: si es de contención tendría menor sentido su uso, ya que estaríamos en presencia de menor cantidad de casos no así cuando la etapa es de mitigación, donde la circulación del virus ya es de presencia comunitaria.

El Dr. Sui Huang, biólogo molecular nacido en Suiza y profesor de la Universidad de Harvard  en un reciente informe explica: “La recomendación oficial de los CDC, la FDA y otros de que las máscaras que usan los profesionales no sanitarios son ineficaces es incorrecta en tres niveles: en la lógica, en la mecánica de la transmisión y en la biología de la entrada viral (…). La recomendación oficial (…) de que el público no debe usar máscaras faciales fue motivada por la necesidad de guardar máscaras de respirador para los trabajadores de la salud. No hay respaldo científico para la afirmación de que las máscaras que usan los no profesionales ‘no son efectivas’. Por el contrario, en vista del objetivo declarado de ‘aplanar la curva’, cualquier reducción adicional, aunque parcial, de la transmisión sería bienvenida, incluso la que ofrecen las máscaras quirúrgicas simples o las máscaras caseras (DIY) (que no exacerbarían el problema de suministro). Los últimos hallazgos biológicos sobre la entrada viral de SARS-Cov-2 en el tejido humano y balística de estornudos/gotas de tos sugieren que el mecanismo de transmisión principal no es a través de aerosoles finos sino gotas grandes, y por lo tanto, garantiza el uso de máscaras quirúrgicas por parte de todos.” (Covid-19: Por qué debemos llevar todas las máscaras – Hay una nueva justificación científica). https://medium.com/@Cancerwarrior/covid-19-why-we-should-all-wear-masks-there-is-new-scientific-rationale-280e08ceee71

Qué sucede en la Argentina

Nora Bar, Editora científica del diario La Nación, en una nota muy interesante del día 5 de abril, analiza los pro y contras como así también las preocupaciones de los epidemiólogos por el mal uso de estos dispositivos, ya que esto puede incrementar, en lugar de disminuir, el riesgo de infección, del mismo modo que ocurre con los guantes. (¿Son eficaces los barbijos para evitar la propagación del nuevo coronavirus?). https://www.lanacion.com.ar/ciencia/coronavirus-barbijos-si-no-nid2350916  

Por su lado la Sociedad Argentina de Infectología desaconsejó a la población utilizar los barbijos como método de prevención. Explican que “los virus respiratorios, incluyendo el 2019-nCoV, no se encuentran suspendidos en el aire. Es necesario que una persona infectada con dicho virus lo elimine a través de sus secreciones, y solo estarán expuestos quienes se encuentren a corta distancia”. (La Sociedad Argentina de Infectología desaconsejó el uso de barbijos para prevenir el coronavirus). https://www.infobae.com/salud/2020/02/04/la-sociedad-argentina-de-infectologia-desaconsejo-el-uso-de-barbijos-para-prevenir-el-coronavirus/

Algunas de las opiniones de profesionales integrantes del consejo asesor del Poder Ejecutivo dejan de manifiesto que están analizando nuevas orientaciones en relación al uso de barreras protectoras:

Pedro Cahn “seguramente en los próximos días se analizarán las nuevas evidencias y se decidirá si continuar o no con la política actual”. El uso de barbijos sigue siendo un tema de discusión entre especialistas y organizaciones. El CDC acaba de recomendar que se usen barbijos en las zonas de alta circulación de personas donde no se puede garantizar la distancia de un metro y medio entre la gente… Esa no sería hoy la situación de la Argentina. Puede ser una opción cuando pasemos a una nueva fase de la cuarentena. Hay que ser claros en que eso no significa ponerse cualquier tela sobre la boca o la nariz, sino que tienen que ser barbijos quirúrgicos. Esos insumos son críticos porque ya hoy hay una gran necesidad de uso por las personas sintomáticas, pero especialmente por el equipo de salud. Y en el supuesto caso de que se cambiara la recomendación, eso no aplica a los barbijos N95, que son los específicos para el personal de salud que está realizando procedimientos invasivos: es decir, intubando a un paciente o realizando un hisopado o cualquier procedimiento que pueda producir aerosoles”.

Angela Gentile, infectóloga y epidemióloga: “De ninguna manera está contraindicado el uso de barbijo social, pero sin olvidar las grandes medidas que siempre se repiten: distanciamiento, toser en el pliegue del codo…  Lo que está recomendando el CDC es para zonas de alta transmisibilidad, como algunos estados de Estados Unidos, y cuando uno no está seguro de poder mantener el distanciamiento, que sería la medida más efectiva. Hay que ser cauteloso en el análisis, dejar en claro que lo más importante es el distanciamiento, y que quizás es un tema a discutir en la salida de la cuarentena. Lo importante es que el barbijo no se transforme en un fetiche y que si uno siente que lo está usando está todo resuelto. En resumen: podría llegar a tener utilidad, pero la situación epidemiológica en los Estados Unidos es un poco diferente de la nuestra, hay que ser cautelosos y analizarlo”.

Omar Sued, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología, destaca: “La recomendación del CDC refuerza la idea de que puede haber un período pre sintomático de 24 o 48 horas, y entonces las personas que no pueden mantener la distancia mínima recomendada de un metro, o metro y medio tendrían que utilizar barbijo para evitar transmitir a las otras personas en el que caso de que aparecieran síntomas más tarde. Si se logra mantener una distancia prudente con los demás, los virus que estén en el aire se van a diluir, caerán al piso y no va a haber transmisión. Pero si la gente tiene riesgo de estar con otras personas a menos de un metro no está mal utilizarlo. No sé si vamos a llegar hasta el punto de la República Checa de pedirle a todo el mundo que lo use todo el tiempo. Si una persona utiliza un barbijo que no filtra para evitar infectarse él y se amontona en una cola de supermercado o de un banco, el riesgo de infectarse es alto, sobre todo si se toca la cara permanentemente”.

Daniel Flichtentrei, director de Intramed: “Las medidas de prevención y control van cambiando de acuerdo con el rumbo de la pandemia… No son fijas, sino sensibles y adaptadas al contexto. La recomendación de usar barbijos siempre fue limitada y prudente para evitar el acaparamiento que deja desprotegido al equipo de salud. En momentos de circulación viral comunitaria significativa, la protección con máscaras de tela tiene valor en los lugares de mayor contacto (supermercados, farmacias, bancos)”.

En la últimas horas el Jefe de Gobierno de la CABA y su Ministro de Salud recomendaron: “Pedimos que no salgan, pero si salen porque están contemplados en las excepciones a la cuarentena, les pedimos que lo hagan tapándose la boca… los barbijos profesionales tenemos que guardarlos para el sistema de salud, que es donde más se necesitan”.

El sentido común interpela sobre la necesidad de resolver con rapidez la diferencia de criterios, teniendo en cuenta que se acerca el levantamiento gradual de la cuarentena obligatoria. Si el uso de los barbijos o mascarillas faciales (incluso caseras) pueden ser útiles para reducir el riesgo en aquellas situaciones en las que se dificulte respetar el distanciamiento social con espacio mínimo de un metro, debería estar dentro de los protocolos oficiales.

*Directora del Área de Salud Colectiva de ISEPCi/Barrios de Pie

El dengue en tiempo de coronavirus. Las causas del eterno retorno

 

El dengue es, entre otras causas, el resultado del desorden ambiental, inexistencias de políticas de tratamiento de la basura, indiferencia política, falta de responsabilidad civil, problemas de abastecimiento de agua potable.

Escribe: Fabricio Tejerina*

Técnicamente el dengue es una enfermedad viral transmitida por mosquitos, en Argentina el mosquito es el Aedes aegypti. Pero tenemos en cuenta que la salud individual o colectiva depende, en gran medida, de las condiciones ambientales en las que vive y se desarrolla una comunidad o individuo. Salud, ambiente y calidad de vida son una cadena indisoluble y de mutua dependencia entre sí. Para que esta cadena conserve su equilibrio y un funcionamiento satisfactorio, es fundamental que los ciudadanos comprendan la relación entre cada uno de sus componentes y puedan aplicar sus conocimientos en el momento de generar acciones y  tomar  decisiones, así como también para propiciar la participación en grupos y organizaciones comprometidas con problemáticas de la salud y del ambiente.

Por lo cual es importante ampliar la definición para entender el contexto donde se propaga el mosquito y por lo tanto, la enfermedad. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que el dengue es el resultado del desorden ambiental, inexistencias de políticas de tratamiento de la basura, indiferencia política, falta de responsabilidad civil, problemas de abastecimiento de agua potable, entre otros.

Si nos preguntan a los biólogos cómo se puede solucionar, respondemos que la solución es no teniendo recipientes que contengan agua, o tenerlos de una forma que no actúen de criaderos. Un criadero es un recipiente artificial o natural en donde los mosquitos ponen sus huevos para cumplir su ciclo de vida acuático, Aedes aegypti es un insecto muy bien adaptado a desovar en recipientes artificiales.

Se han  acumulado tantos datos sobre el mosquito que podemos llenar cientos de  bibliotecas. Pero si conocemos tanto del mosquito, ¿por qué esta enfermedad aumenta su frecuencia y magnitud cada año? En un principio es necesario entender que el problema no es el mosquito, este no tiene el raciocinio ni lo tendrá jamás para hacernos “mal” adrede, por lo tanto no podemos considerarlo nuestro “enemigo”, ¿entonces? El problema se centra en “nosotros” y es ahí donde la cuestión se complica, porque los “enemigos” no son “los otros”, reconocer esta condición es fundamental para posicionarnos frente a esta problemática.

El dengue es un desafío tanto para el Estado, los privados, como para la sociedad, donde se involucran, entre otros, factores sociales, culturales, económicos, científicos, comunicacionales, intelectuales. Hay que establecer algunas premisas y puntos de partida para buscar consensos y empezar a trabajar para que esta enfermedad y otras que trasmiten estos mosquitos no sigan cobrando la salud y la vida de los argentinos. Lo que está ocurriendo con el Coronavirus, demuestra que si hay voluntad política, y el Estado toma su rol en la salud pública, es posible trazar metas sostenibles.

Según mi experiencia como Director de Control de Vectores en la ciudad de Posadas, enumeraré algunos aspectos a tener en cuenta para desarrollar un programa y no una campaña de duración generalmente estival, como punto de partida de una discusión más amplia. A esta altura del año 2020, 16 provincias tienen caos de dengue, circulan varios serotipos del virus, hay miles de infectados y varios muertos, realidad conocida y registrada estadísticamente, lo que podría ser un buen punto de partida.

Primero, tenemos que reconocer que en los países del tercer mundo como el nuestro, la investigación y la prevención están muy poco valorados, es decir, mal remunerados; es por ello que en este contexto siempre vende más la foto fumigando la plaza, que las acciones continuas que permitan educar al ciudadano, promover la participación del vecino, realizar un trabajo diario de concientización y sensibilización ante este tema. Una sociedad que ignora el problema va a ignorar las respuestas y soluciones. Debemos revertir esta realidad, poniendo empeño en el trabajo cotidiano y sacar el foco de la fumigación como la solución.

Segundo, se debe mejorar la toma, análisis y trasparencia de datos que se necesitan (de índices aédicos, de casos, de recursos, notificaciones de sospechosos, etc.), necesitamos estadísticas creíbles para tener un diagnóstico válido, donde se puedan evaluar las acciones y sobre todo tener estrategias sociales para involucrar positivamente a la sociedad. Llegando temprano a los primeros casos se puede evitar grandes brotes, para lo cual tenemos que tener un sistema de salud público y privado sensible a informar de forma rápida.

Tercero, en una logística de gestión territorial, los municipios deberían ser el primer frente y más importante en la prevención del dengue, esto demanda contar con equipos profesionales y técnicos que trabajen con una remuneración y equipamiento adecuado, coordinado, evaluado y sostenido con acompañamiento desde los Ministerios de Salud provincial y nacional. Implica que se desarrolle un trabajo constante todo el año y no solamente en verano.  Es necesario tener en cuenta que seguir poniendo personal que vacune, tome la presión, haga fichas y además haga monitoreo entomológico, descacharrize y fumigue es totalmente contraproducente en este proceso. Por último, los intendentes tienen que tener una visión completa de que se trata, para no salir pidiendo máquinas y veneno para fumigar, como principal reclamo.

Cuarto, es un imperativo remarcar  que las problemáticas vectoriales necesitan estar abordadas desde diferentes aspectos, con una base científica que ayuden a tomar las mejores decisiones, tiene que existir sinergia e intercambio de conocimientos entre las instituciones que investigan y las instituciones encargadas de ejecutar políticas de salud que tengan injerencia en la planificación de los programas de enfermedades vectoriales.

En este punto tenemos que plantearnos una serie de interrogantes: ¿Cómo se hace? Si actualmente los organismos nacionales y provinciales que se encargan del tema no coordinan de manera efectiva y solamente un número pequeño de municipios cuentan con algo de trabajo en el tema, con el agravante de que muchas veces las acciones solo comienzan en el verano cuando ya el problema está presente.

¿Cómo hacemos para que las universidades aporten conocimiento teórico que ayude a la práctica? ¿Cómo hacemos para acercar las partes entre los que saben y los que actúan? ¿Cómo hacemos para que los que toman las decisiones escuchen a los que saben? Una cosa es clara: Sin ciencia no hay buena salud, pero la ciencia por sí sola no es suficiente, es necesario que este conocimiento se ejecute en el campo que donde está el problema, tenemos que plantear que el “aumento del currículum” debe ir de la mano de sus aportes para la sociedad.

Quinto, se necesita una base jurídica para facilitar las tareas a los organismos que trabajan, resguardando la acción del Estado en ciertos casos. Al ser el dengue una manifestación de las condiciones sociales que permiten la proliferación de mosquitos, y que los criaderos en la mayoría de las veces están en el ámbito privado, provoca que una persona, familia, empresa, ponga en riesgo a toda la comunidad. Por lo que se necesitan leyes y ordenanzas que ayuden al momento de tomar decisiones.  Hay experiencias de la lucha palúdica sobre este tema, también experiencias en otros países de cómo se aborda la propiedad privada en un problema público.

Sexto, tratar la situación de dengue exige cuestionar el manejo de uno de los servicios básicos imprescindibles, que es el agua en red. Nunca podremos decir que el dengue está controlado si no aseguramos la provisión de agua a cada rincón de la ciudad de forma segura y apropiada. Que no se corte cada dos días, o como en algunas ciudades y en especial en algunos barrios, todos los días durante el verano. Esta situación ocasiona inevitablemente que la gente mantenga recipientes con agua “por las dudas” y en consecuencia muchos de esos recipientes se convierten en criaderos. No solo en los asentamientos vemos esta realidad cotidiana, sino también en barrios que supuestamente cuentan con los servicios esenciales. En una sociedad donde tener agua potable y segura es un lujo, seguramente habrá dengue. 

Séptimo, el manejo integral de Aedes aegypti contempla la utilización de insecticidas para el control del mosquito, considerado solamente cuando hay casos sospechosos o confirmados, para disminuir o eliminar a los insectos infectados que puedan contagiar;  pero contradictoriamente aplicar insecticidas sin los resguardos, medida y controles que esa acción implica, es decir, no cumplimentar con  las maquinas adecuadas, el personal adecuado y en el momento adecuado, resulta altamente más perjudicial que beneficioso: se contamina el suelo y el agua, se matan insectos beneficiosos como las abejas, afecta a la salud de personas con problemas respiratorios, etc. No existe ninguna prueba de la fumigación preventiva sea eficaz, solamente funciona como “placebo social” generando una falsa sensación de seguridad y se tira la responsabilidad a quienes “no fumigaron”. Sin mencionar los costos altísimos de la aplicación de insecticidas y lo que es más peligroso, es la selección de mosquitos resistentes.

Octavo, el dengue nos cuestiona la forma que generamos y damos tratamiento de la basura: los residuos sólidos urbanos (RSU), elementos de descacharrado, electrónicos, neumáticos etc., cómo los desechamos y dónde son depositados habitualmente: en el arroyo del barrio, en los baldíos, al costado de las calles que salen de las ciudades.

La recolección de inservibles en el descacharrado debe ser procesado para no llevar criaderos de un lugar a otro, el tratamiento de estos elementos puede generar puestos de trabajo genuino, lo mismo ocurre con los neumáticos que son excelentes criaderos de mosquitos, y solamente existe una planta de tratamiento en el país, deberían generarse por lo menos 3 o 4 más, regionalmente.

Noveno, desde lo comunicacional se debería tener consensos sobre la información a dar, crear productos radiales, audiovisuales, gráficos y todos los demás instrumentos de difusión, buscando comunicar claramente y haciendo énfasis en el ciclo de vida del mosquito, fundamentalmente el ciclo acuático y qué es un criadero, que es donde debemos actuar.

Desarrollar una base teórica sobre la percepción de riesgo de la población sobre la enfermedad y sobre los conceptos como: qué es un patio limpio, por qué se mantienen los criaderos de mosquitos en los hogares, y cuestiones relacionadas con las ciencias sociales que nos ayuden a entender sobre qué criterios la población construye sus conocimientos. En la educación formal se debe agregar a los planes de estudios toda esta problemática desde el nivel inicial.

Décimo, lo importante es que actuar de esta manera, trabajando sistemáticamente a lo largo del año, es realmente más económico, más barato, menos costoso, más saludable, más ecológico y seguramente salvaremos más vidas, que empezando a actuar cuando los casos ya empezaron. Hay muchos trabajos que calculan que el gasto que insume una epidemia, sumado a los días perdidos de trabajo de un enfermo y sus familias, superan ampliamente a lo que podría invertir el Estado trabajando todo el año con equipos mínimos y bien entrenados.

*Fabricio Tejerina es Biólogo y Entomólogo, recibido en la Universidad de Córdoba. Fue Director General de Vectores de la Municipalidad de Posadas entre los años 2005 a 2009. Actualmente es Director del ISEPCi de la Provincia de Misiones.

Salir de la cuarentena con más y mejor participación del Estado

Cualquiera sea la modalidad adoptada, requerirá una mayor y más fuerte presencia del estado en todos los órdenes de la vida del país.

Escribe: Isaac Rudnik

La extensión de la cuarentena contó con el apoyo de una inmensa mayoría de la población que abarca a todas las franjas de la sociedad. La presencia global del Coronavirus que se cobra víctimas diarias en los países centrales desde Europa a EEUU, comparada con las consecuencias acotadas que hasta ahora va teniendo en una Argentina controlada por la cuarentena, se han convertido en argumentos más que convincentes para sostener la continuidad de esta situación inédita.

En líneas generales se cumplen de igual manera las orientaciones para quedarse en las viviendas respectivas en todos los sectores sociales, aun cuando no sean iguales las dificultades que acarrean a todos los hogares. En este, como en otros escenarios complicados que nos han tocado en las últimas décadas, las enormes inequidades con las que convivimos cotidianamente emergen críticamente visibilizando que hay situaciones y posibilidades muy diferentes.

En estos días afloran las graves carencias de los/as millones que no cuentan con ingresos fijos, viven de trabajos eventuales, y ahora deben hacer fila en la puerta de comedores comunitarios o tienen que esperar en sus casas que les llegue el bolsón con algunos pocos alimentos básicos.  También se agudizan los graves problemas de cientos de miles de PYMES -que ocupan a millones de trabajadores- ahogadas por el cierre total o casi total de la comercialización de sus productos, pero que deben seguir pagando gravosos costos fijos, que van desde los salarios de los sus empleados a alquileres, tarifas y costos financieros, pasando por la continuidad del pago de impuestos y servicios.

Asimismo, se visibilizan las insuficiencias estructurales de los hospitales públicos enclavados en las zonas más pobres, que en el mejor de los casos ahora empiezan a recibir en cuenta gotas algunos de los insumos indispensables con los que deberían contar siempre, pero que corrientemente no están. Como así también las carencias nutricionales de la alimentación que provee el estado a través de los comedores escolares. También hospitales y escuelas públicas sostenidas antes y durante la pandemia principalmente por docentes y trabajadores de la salud, que todos los días siguen concurriendo a recibir los pacientes y repartir los alimentos.

Un 40% de nuestra población, cargando sobre sus espaldas con niveles de pobreza que van hasta la indigencia (10% de los argentinos), sostiene el aislamiento en medio de privaciones que van desde la precariedad de las viviendas hasta la ausencia de agua limpia. Y con las limitaciones de un Estado habitualmente flaco y anémico para cubrir las necesidades básicas del barrio, mantienen disciplinadamente la cuarentena, contribuyendo sustancialmente a que, a más de un mes de haberse iniciado, vayamos ganando desde el conjunto de la sociedad esta durísima batalla.

Algunas recomendaciones del FMI para el contexto global 

1) “Garantizar el funcionamiento de sectores esenciales: Deben incrementarse los recursos para pruebas de detección del COVID-19 y su tratamiento. Deben mantenerse la atención sanitaria habitual, la producción y distribución de productos alimenticios, las infraestructuras esenciales y los suministros públicos. Podrían ser necesarias incluso medidas intrusivas por parte de los gobiernos para la provisión de suministros fundamentales, recurriendo a mandatos en tiempo de guerra, con la priorización de contratos públicos para insumos esenciales y productos finales, la reconversión de industrias o nacionalizaciones selectivas”:

2) “Proporcionar recursos suficientes a las personas afectadas por la crisis: Los hogares que pierdan sus ingresos debido directa o indirectamente a las medidas de confinamiento necesitarán apoyo gubernamental. Este apoyo debe contribuir a que la gente se quede en casa y al mismo tiempo mantengan sus empleos (las licencias médicas financiadas por el gobierno reducen el movimiento de personas y, por tanto, el riesgo de contagio). Las prestaciones por desempleo deben ampliarse y extenderse. Es necesario que las transferencias de efectivo lleguen a los trabajadores independientes y sin empleo”.

3) “Evitar una disrupción económica excesiva. Los cierres de empresas causarían pérdidas de conocimientos organizativos y la cancelación de proyectos productivos a largo plazo. Las disrupciones en el sector financiero también intensificarían las dificultades económicas. Los gobiernos deben proporcionar un apoyo excepcional a las empresas privadas, inclusive mediante subsidios salariales, con condiciones adecuadas. Ya se han puesto en marcha grandes programas de préstamos y garantías (con el riesgo asumido en última instancia por los contribuyentes) y la UE ha suministrado inyecciones directas de capital a las empresas con la relajación de su normativa sobre ayudas estatales. Si la crisis empeora, podría imaginarse el establecimiento o la ampliación de grandes sociedades de cartera estatales que tomen las riendas de las empresas privadas con problemas, como se hizo en Estados Unidos y Europa durante la Gran Depresión. La emergencia justifica una mayor intervención del sector público mientras persistan las circunstancias excepcionales, pero dicha intervención deberá realizarse de forma transparente y con cláusulas de caducidad automática claras”.  (https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=13126 )

Las orientaciones de todos los organismos internacionales y las políticas de los gobiernos de las potencias centrales van en dirección de destinar grandes montos fiscales para impedir caídas verticales de sus economías, aun a costa de promover las intervenciones estatales mucho mas allá de las habituales “ayudas focalizadas” o de regulaciones coyunturales. Sin embargo, el aparente acuerdo para impulsar la intervención estatal en todos los órdenes no está exento de fuertes disputas.

“Este proyecto de ley les paga más por no trabajar que si estuvieran trabajando” dijo el legislador republicano Lindsey Graham en la sesión del Senado de los EEUU, preocupado por la porción dedicada a los subsidios a los desempleados, cuando hace pocos días se votó el paquete de recursos fiscales destinado a poner paliativos a la crisis. Y repitió uno de los más antiguos y clásicos dogmas liberales: “los grandes programas gubernamentales de asistencia a los desempleados simplemente fomentan la pereza en la clase trabajadora”.

Y para que no haya confusiones respecto a las eventuales convicciones keynesianas de sus directivos, el FMI en la misma página que hace las recomendaciones que mencionamos más arriba dice: “A diferencia de otras desaceleraciones económicas, la caída del producto en esta crisis no está provocada por la demanda: es una consecuencia inevitable de las medidas para limitar la propagación de la enfermedad. El papel de la política económica no es, por tanto, estimular la demanda agregada, al menos no de forma inmediata”.

O sea, no hay mayor discusión sobre la necesidad de utilizar los ingresos fiscales para suavizar las consecuencias de una crisis que hoy afecta a todos los países del globo. Pero hay debate y sobre todo disputa, en la Argentina y en el mundo, respecto al destino principal de esos recursos.

En la Argentina

Sería prematuro e irresponsable especular confiadamente que en la Argentina la guerra contra la pandemia está definitivamente encaminada. Por el contrario, hay que esperar la evolución favorable de las herramientas que están jugadas, que todo indica que son las más adecuadas, mientras analizamos detenidamente el conjunto de las políticas y sociales que las rodean.

Claramente, las medidas implementadas en estos días críticos -independientemente que varias de ellas puedan ser consideradas insuficientes o deficientes- en general siguieron el camino adoptado desde el inicio por actual Gobierno, poniendo los escasos recursos fiscales disponibles en el campo de los más vulnerables, priorizando entre otras cuestiones la lucha contra el hambre.

En el ámbito del trabajo, se anunciaron pagos del Estado a parte de los salarios de los empleados de empresas en dificultades (programa de Recuperación Productiva); se ampliaron las partidas destinadas al seguro de desempleo; se suspendieron temporalmente las contribuciones patronales de los sectores más afectados, como cines y teatros y restaurantes, transporte de pasajeros y hoteles; se dispuso “la prohibición de despidos y suspensiones sin causa justa por las causales de falta o disminución de trabajo y fuerza mayor” (Decreto de Necesidad y Urgencia del 01/04).

En Obra Pública: se relanzó el Plan Procrear para la construcción y/o refacción de cien mil viviendas, y se anunciaron doscientos mil nuevos pequeños créditos rápidos para pequeñas refacciones; se habilitó una línea de créditos blandos -al 24% anual- por unos $350.000 millones para garantizar la producción y el abastecimiento de alimentos e insumos básicos; se destinaron $25.000 millones en créditos del Banco de la Nación Argentina a tasa diferencial para productores de alimentos, higiene personal y limpieza y productores de insumos médicos; se dispuso de $8.000 millones para financiar la producción de equipamiento tecnológico a fin de garantizar la modalidad de teletrabajo, y otros $2.800 millones destinados al financiamiento de infraestructura en los parques industriales.

En asistencia a los sectores más vulnerables: se adelantó al 27 de marzo el pago de AUH, pensiones, jubilaciones y otras asignaciones sociales; se otorgaron bonos de $3.000 para jubilados que cobran la mínima, y para tributarios de planes sociales, de $3.100 para los que cobran asignaciones equivalentes a una AUH adicional ($3.100) por hijo; se concedieron dos meses adicionales de gracia, abril y mayo, para el pago de los créditos de Anses. Se instauró una asistencia especial de diez mil pesos para los monotributistas de las categorías más bajas para el mes de abril, que puede extenderse en la medida que siga la emergencia.

Para sostener el consumo se prolongó por seis meses la vigencia del plan Ahora 12, se establecieron precios máximos para más de quinientos productos de primera necesidad, y se postergaron vencimientos de tarjetas de crédito hasta el final de la cuarentena.  Para garantizar que las microempresas y PYMES puedan pagar sin dificultades los sueldos de abril, se abrió una línea de créditos especiales a una tasa del 24% anual, para lo cual el Banco Central emitió resoluciones específicas que facilitarán la operatoria de las entidades financieras (liberó dos puntos de los fondos que deben habitualmente mantener inmovilizados los bancos y proveyó de un fondo de garantía por el cual el estado es garante del 100% de los fondos prestados).

Contrariamente a lo que pudiera esperarse estas orientaciones cuentan con no pocos detractores.

El Gobierno partió de dos diagnósticos equivocados. El primero es haber colocado el foco solo en las personas más pobres, cuando el problema es más generalizado. Por ejemplo, el Ingreso Familiar de Emergencia destinado solo a los monotributistas de las categorías A y B deja afuera a muchos pequeños comerciantes que ahora no tienen ingresos… Estos sectores de clase media baja están más desprotegidos que los beneficiarios de los planes sociales… El segundo, dado que el país tiene una gran debilidad fiscal, tiene que apuntar bien a los sectores a los que ayuda. Suena bien darles una suma fija a los jubilados, pero ellos no perdieron ingresos: cobran lo mismo que el mes anterior. O solo darles créditos y ayuda impositiva a las pymes… En Alemania la primera asistencia fue para las empresas grandes y no a las chicas, porque las grandes arrastran a todas las demás y a los proveedores. Sin ingresos, una empresa no puede sobrevivir, más allá de su tamaño”.

(Daniel Artana, economista, opinando sobre las políticas del gobierno de Alberto Fernández). https://www.infobae.com/economia/2020/03/31/daniel-artana-hay-que-bajar-los-salarios-del-sector-publico-porque-si-no-van-a-volver-las-cuasimonedas-y-esto-sera-un-desastre/

Pero estas diferencias no se plantean solo en el debate de ideas, sino que se trasladan sin escalas a acciones directas a través del no cumplimento de varias de las más importantes medidas sancionadas. Entre las mas notorias se pueden contabilizar: incrementos permanentes, impulsados por los formadores de precios en los valores de los alimentos y productos que componen las Canastas Básicas, en muchos casos por encima de los precios máximos fijados por la Secretaría de Comercio; despidos y suspensiones masivas por parte de grandes empresas como Techint (construcción 1500), Mirgor (celulares, 750); incumplimiento de los bancos privados en el otorgamiento de los créditos blandos a PYMES y microempresas a pesar que cuentan con los fondos y las garantías necesarias concedidas por el Estado; negativa de grandes cadenas de comercialización a vender bajo la modalidad Ahora 12; negativa de los bancos privados a hacerse cargo de los pagos de jubilaciones, pensiones y asignaciones sociales.

Cómo salimos de la cuarentena

En un marco en que la imposición del aislamiento obligatorio, por un lado, ha conseguido lentificar la cadena de contagios, y por otro, ramas importantes de la economía sufren los efectos negativos de un funcionamiento nulo o reducido, es necesario y responsable a empezar a pensar en el día después de la cuarentena, cuya salida seguramente será paulatina y fuertemente regulada.

De hecho, el Presidente aludió a una perspectiva post pandemia en el mismo momento que anunció la extensión de la cuarentena. Dijo que en 2003 -él mismo era parte de aquel gobierno- el PBI se pudo recuperar (“De la caída del PBI se vuelve, de la muerte no”).  Y en los días siguientes el tema empezó a aparecer cada vez con más fuerza en forma de diferentes propuestas, que en muchos casos no están al margen del debate principal respecto a las características de la continuidad del proceso económico en el marco de la persistencia de la crisis.

Diferentes reuniones se suceden entre el Presidente y otros funcionarios de primera línea con las gremiales empresarias que piden acelerar el final de la cuarentena. Llevan diversas propuestas, algunas buscan un equilibrio entre la reactivación de la actividad económica y el resguardo de la salud de la población, en un marco en que si bien la cadena de contagios estaría aparentemente controlada, la pandemia seguirá siendo una amenaza presente; otras solo contemplan la defensa de los ingresos empresarios.

Primero y antes que nada deberían comprometerse a desempeñarse dentro de las normativas vigentes, y el Gobierno debería ser inflexible a la hora de exigir su complimiento: prohibición de despidos y suspensiones con la reincorporación inmediata de los trabajadores/as que entraron en esa situación en este período; apertura por parte de los bancos privados de las líneas de créditos blandos anunciados por el Gobierno en los últimos días; incorporación de los grandes bancos privados a las cadenas de pagos a jubilados, pensionados y receptores de asignaciones sociales; cumplimiento estricto de las normativas que permiten a los/as trabajadores/as que entran en contacto con personas sospechosas de estar infectadas, a tomar licencia inmediata. Es importante mencionar que en muchas situaciones esta última norma no se cumple ni en la actividad pública ni en la privada, lo que es un indicativo de la necesidad de reforzar los controles oficiales.

En un país en el que los grandes grupos económicos siempre (histórica, constante, y permanentemente) anteponen sus intereses a los del conjunto de la nación, no será fácil empezar a soltar la cuerda de la cuarentena vigente, sin desencadenar un proceso negativo para la mayoría de la población. Cualquiera sea la modalidad adoptada y en los tiempos más cortos o prolongados que sea programada, requerirá una salida signada por un mayor y más fuerte seguimiento participación del Estado en todos los órdenes de la vida de la nación, lo que permitirá zanjar las disputas en curso en favor de los intereses de las mayorías.

Invirtiendo lo necesario en la salud y la educación públicas, recreando la infraestructura de las zonas en que viven millones de argentinos y argentinas sumidos en la pobreza, favoreciendo el desarrollo y crecimiento de las PYMES, de los pequeños emprendimientos, de la agricultura familiar y de la economía popular.

Después de todo, esta guerra contra el coronavirus la ganamos todos y todas juntos y juntas -como viene siendo hasta ahora- o la perdemos todos y todas si predominan los intereses de pocos y pocas.

Contacto: 1141882603

La Plata: el desafío de hacer frente a la pandemia en una ciudad inundable

El coronavirus y la agenda política municipal, a siete años de la tragedia.

Escribe: Simón Cluigt*

Como es de público conocimiento, nuestra región ha sido alcanzada por el nuevo Coronavirus (Covid-19). Desde las diferentes esferas gubernamentales (Nación, Provincia y Municipio) se han tomado diversas políticas públicas tendientes a la prevención, contención y cuidado de la comunidad. Estas han transitado desde la construcción de “hospitales de campaña”, subsidios de emergencia, comunicaciones oficiales de prevención y auto cuidado, congelamiento fiscal, decretos de aislamiento social obligatorio, entre otras.

Esto lleva a preguntarnos: ¿Sobre qué concepto de salud y generación de salud pública se apoyan las políticas públicas planificadas, diseñadas y ejecutadas en nuestra ciudad?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la salud como el estado completo de bienestar físico y social de una persona apartándose del antiguo postulado biologicista de la ausencia de enfermedad. Al incorporar una dimensión conceptual integral y promocional que se centra en el bienestar social, tiende a complejizar la planificación y diseño de intervenciones de manera que cumplan con la integralidad que pregona la nueva conceptualización.

Es en este punto que la integralidad pone en jaque las tradicionales políticas públicas focalizadas demandando el alejamiento de prácticas sanitarias unidimensionales y meramente clínicas. Y es aquí donde entra en juego el concepto de “hábitat urbano”. El hábitat urbano consiste en un fenómeno mucho más amplio que la vivienda y el tipo de construcción de esta. Puede ser definido como un proceso social multidimensional a través del cual el sujeto accede a la ciudad. Está compuesto por el acceso a una vivienda; servicios públicos como electricidad, agua, gas, transporte público, atención médica clínica; así como el acceso a un ambiente sano y a la seguridad jurídica de la propiedad de la tierra.

El partido de La Plata, según el último censo del Indec (2010) cuenta con una población total de 654.324 habitantes donde una gran parte viven en zonas peri-urbanas (zona territorial intermedia que sin ser rural carece de un proceso integral de urbanización) donde “el acceso a la ciudad”, entendido como una variable del “hábitat urbano”, es muy limitado para las familias. Por el mal estado de las calles las familias ven afectado su acceso a un modelo de salud pública ya que no llegan las ambulancias, muchas familias se encuentran alejadas de las Unidades de Pronta Atención (UPA) o Centros de Atención Primaria (CAPS), los servicios de transporte público son deficitarios ya que cuentan con pocas “rutas” que terminan quedando alejadas de las casas de los/as vecinos/as además del deficitario esquema de frecuencias.

El “acceso a la ciudad” es una variable de vital importancia a la hora de pensar la caracterización del territorio en el que vivimos. La ausencia o deficiencia de este aspecto impacta notoriamente en la capacidad de la comunidad para dar respuesta a la dinámica de los conflictos de la vida cotidiana y, en lo que atañe a los momentos actuales que vivimos, a los impactos de los incidentes críticos como la actual pandemia.

Partiendo del análisis que realizamos en un Informe de InnoBA (Investigación para una nueva Buenos Aires) sobre el estado habitacional en las zonas urbanas y peri-urbanas inundables de la ciudad de La Plata y las respuestas del Estado Provincial post inundación del año 2013, en el que participé como director y co-autor junto a dos colegas, se llegó a aproximaciones finales que versaron sobre la necesidad de afrontar que vivimos en una ciudad inundable y de pensar políticas públicas integrales que intervengan en esa realidad desmitificando la dicotomía de si la inundación es una catástrofe natural o social, o si sus consecuencias son evitables o inevitables. Mientras la sociedad civil debate acerca de estas cuestiones, tomando posiciones por una u otra conceptualización dicotómica, la falta de políticas estatales de regulación del suelo urbano y de preservación de los humedales naturales como mecanismo que la propia naturaleza creó para la absorción del excedente hídrico, sigue existiendo y profundizándose cada vez más:

Puede desaparecer la idea de la existencia de arroyos bajo nuestros pies, pero la naturaleza no puede vencerse, la naturaleza tiene sus propios límites, ella misma determina cómo escurrir el agua excedente que produce. A partir de esto, planteamos la necesidad de incorporar los arroyos a la vida de la Ciudad, lo natural a lo civil. Cuando elevamos una zona bajamos otra, cuando entubamos contaminamos. Una política pública que ataca la naturaleza y no regula los negocios privados inmobiliarios sino que es funcional a la cotización del suelo, lejos está de resolver la problemática porque lo que afecta no es la inundación sino que donde antes escurría el agua ahora existen paredones y construcciones habitacionales. Podemos crear un imaginario pero en algún momento la realidad aflora y lo que parecía una solución definitiva termina siendo un vehículo que sirvió para degradar el suelo y profundizar las consecuencias sociales de la inundación, es decir, la inundación es natural mientras que existan inundados es social”. (La Naturaleza y la Ciudad: Una relación de ocultamiento. S. Cluigt, F. Suarez, R. Fuentes, InnoBA 2016)

En este 2 de Abril de 2020, nos encontramos frente a un nuevo (séptimo) aniversario de la más trágica inundación que sufrió nuestra ciudad que llevó a decenas de muertes, millones de pesos de pérdidas materiales, entre muchas más consecuencias fatídicas.

¿No debería el Estado Municipal poner en agenda esta situación de inundabilidad de la ciudad encontrándonos en los meses más lluviosos del año?

Nuestra respuesta es que no solo debe ponerlo en agenda, sino planificar y diseñar política pública que contemple la intervención territorial de prevención y contención a través del saneamiento de cuencas; desmalezamiento y limpieza de arroyos; acondicionamiento de establecimientos públicos ante potenciales necesidades de evacuación de familias teniendo en cuenta el contexto de “aislamiento social obligatorio” en el que nos encontramos y la situación de anegabilidad de varios barrios platenses ante la caída de precipitaciones de diversa duración e intensidad; acondicionamiento y mejoramiento de calles, entre otras medidas más que hacen a la integralidad.

Si queremos intervenir sobre la generación de salud pública potenciando el bienestar social y lo saludable de la comunidad no se debe dejar librada al azar esta realidad que viven miles de familias en las decenas de barrios periféricos de nuestra ciudad. Es necesario actuar de forma preventiva e integral ahora, mañana es tarde.

*Simón Cluigt, es Director del ISEPCi de la Ciudad de La Plata. En 2016 junto a los licenciados F. Suarez, R. Fuentes, realizaron un importante trabajo de investigación sobre las causas y consecuencias de la inundación de 2013.

Contacto: 2214950771

 

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