LULA GANÓ POR NOCAUT LA PELEA CONTRA LA DERECHA Y LAS GRANDES PLATAFORMAS DIGITALES

Brasil: Un triunfo histórico en segunda vuelta

El resultado adverso de la extrema derecha el 25 de octubre, significa un duro tropiezo al avance triunfal que venía mostrando en América Latina. Lula ganó y puso en fuga a la familia Bosonaro. Los dos países más grandes y desarrollados, México y Brasil, seguirán gobernados por administraciones progresistas. Quizás estemos en los albores de un nuevo contexto para nuestra región.

Hace tres semanas, el triunfo de la extrema derecha en primera vuelta en Brasil, colgaba una nueva piedra –la más grande y pesada de todas-  a nuestra mochila que ya venía cargada con sucesivas derrotas en las últimas elecciones en la región. Minutos después que se confirmó el desenlace adverso, Lula se subió a un escenario colmado de funcionarios y dirigentes del PT atravesados por la desazón y la sorpresa del resultado inesperado, para decirle al país y al mundo que “tenemos 28 millones de personas que no nos han votado, entonces vamos a hacerles una apelación, les vamos a decir que en este momento histórico de Brasil que el voto es necesario para decidir el futuro de este país. Para esto tenemos pocos días, para dilucidar hacia dónde vamos a llevar esta campaña hacia la segunda vuelta. ¡Entonces el martes vamos a decirles a los bolsonaristas que se preparen porque vamos a ganar!!”  Con la energía y la profunda convicción de un hombre que apostó siempre en grande y perdió muchas veces pero otras tantas se sobrepuso, se levantó e insistió, hasta encontrar el camino para llegar al objetivo.

El contexto y las ventajas de la derecha

Analizando lo sucedido, el 4 de octubre nosotros decíamos: “… arribamos al final de la segunda década con la instalación de gobiernos de derecha y ultraderecha que llegan por vía electoral en la mayoría de nuestros países. Como en gran parte del globo, la derecha canaliza reclamos sin respuestas y aspiraciones populares insatisfechas…como viene sucediendo en otros países, en Brasil la polarización se ha consolidado fuertemente, sobre todo en las dos últimas elecciones presidenciales, dejando un margen muy reducido de espacios a disputar.”

Atravesamos un contexto con dos características predominantes y contradictorias. Por un lado, la ola de extrema derecha se impone y obtiene triunfos electorales en varios países de la región. Por otro, la izquierda y el centro izquierda se afianzan como el adversario relevante que pelea palmo a palmo el consenso político, produciendo la emergencia de sociedades polarizadas dividas en mitades de similar magnitud. Uno y otro sector de la sociedad cuenta con un “núcleo duro” conformado por personas que a lo largo de los años mantienen posicionamientos que no cambian sustancialmente, y por lo tanto tampoco varían su adhesión política. En los últimos tiempos, estos espacios no solo se han consolidado, sino que han crecido dentro de cada uno de los campos políticos a los que pertenecen, dejando franjas cada vez mas estrechas de personas que pueden variar su comportamiento electoral, cuando les toca votar. Las llamadas “franjas en disputa” si bien son cada vez más reducidas, están presentes en todos los sectores sociales de sociedades sumamente fragmentadas, que requieren de mensajes específicos capaces de interpelar y convencer intereses y aspiraciones diferentes. Allí es donde la extrema derecha ha ganado la delantera, apoyada en las plataformas digitales que concentran enormes volúmenes de información de nuestras vidas. Saben, en el día a día, que queremos, que rechazamos, que buscamos, que esperamos de nuestro futuro. Información que trasladada a los algoritmos, les permite producir mensajes definidos, y respuestas instantáneas para cada situación, que son fundamentales a la hora de la disputa por convencer a franjas de la población que perteneciendo a diferentes sectores, son permeables a variar su voto.

A esto hay que agregarle burdas maniobras buscando coartar la difusión de las propuestas de los partidos progresistas que no les son afines y promoviendo abiertamente los candidatos de derecha.

En los últimos procesos electorales en América Latina, seguramente esto ha jugado un rol muy importante, en países en los que la extrema derecha ganó por márgenes muy pequeños. Las plataformas se impusieron incluso, donde la centroizquierda tenía el control del estado y gobernaba con buenos resultados.

Brasil en carrera a la segunda vuelta

En primera vuelta participaron poco más de 125 millones de personas, (78,92% del padrón) de los cuales 53.879.538 (45,16%) votaron a Lula, y 56.104.503 (47,04%) a Bolsonaro. Hubo 2.300.798 (1,92%) votos en blanco y 3.674.249 (3,08%) votos nulos. Por otro lado, los candidatos que salieron en tercer, cuarto y quinto puesto sumaron 8.729.604 (7,31%). Entre estos, los nulos y en blanco llegaron a 14.704.651 de votantes, que sumados los que se abstuvieron, constituían un amplio campo –decenas de millones- donde se daría la batalla final de la segunda vuelta.

Minutos después de confirmados los datos finales de la derrota, Lula explicó claramente el camino a seguir: “…a las millones de personas que no nos han votado, les vamos a decir que en este momento histórico de Brasil el voto es necesario para decidir el futuro de este país. Para esto tenemos pocos días, para dilucidar hacia dónde vamos a llevar esta campaña hacia la segunda vuelta. ¡El martes vamos a decirles a los bolsonaristas que se preparen porque vamos a ganar!!”

Ahí quedó señalado el campo en disputa, los tiempos limitados para ganar nuevas voluntades indispensables para llegar al triunfo, y la convicción de que era posible alcanzar la victoria.

Cuando analizamos lo sucedido en la primera vuelta decíamos “Quedan por delante tres intensas semanas de campaña, que tiene todas las posibilidades de revertir este resultado, en la medida que se corrijan errores, buscando la más amplia participación de cientos de miles de militantes y adherentes dispuestos a trabajar por la reelección del Presidente Lula.”

Conviene tener presente antes que nada lo que seguramente fue el elemento principal del discurso del 4 de octubre: ¡El martes vamos a decirles a los bolsonaristas que se preparen porque vamos a ganar!!” En pocos días esta idea, que en ese momento sólo parecía una consigna general, comenzó a cristalizarse en hechos concretos. Las manifestaciones populares callejeras en apoyo a la reelección, que habían sido proporcionalmente escasas en la primera parte la campaña, se multiplicaron convocando a cientos de miles de personas en las ciudades más populosas. Una marea roja recorrió el país a lo largo y a lo ancho, sin decaer hasta el día anterior a la segunda vuelta, movilizó a la militancia y amplios espacios de adherentes y simpatizantes, y despertó una energía que invadió los campos en disputa, y evidentemente conmovió a una porción importante “de los que no nos han votado”.

En la derecha cundía la sensación que el triunfo en primera vuelta, sumado a que los dirigentes de las fuerzas que habían salido en tercer, cuarto y quinto lugar, manifestaban su adhesión pública al bolsonarismo, más la continuidad incondicional del apoyo de las grandes plataformas, les garantizaba la victoria final.

Sin embargo, la disputa también mostró un costado novedoso en el resbaladizo y siempre adverso terreno digital. El desafío era trasladar a esa mismísima zona, por lo menos en parte, la voluntad colectiva que crecía a medida que transcurrían los días. Allí fue creciendo el llamado “Ejército de Lula”,el canal de WhatsApp, que, partiendo de unas decenas de miles de miembros, consiguió a superar los 10 millones al llegar el 25 de octubre. Diez millones de voluntades que diariamente recogían orientaciones y mensajes para difundir, videos, consignas, propuestas, en fin, todo lo necesario para buscar convencer a los que “no nos han votado”. Diez millones de personas de diferentes sectores sociales, que recibieron herramientas para hablar con sus vecinos, sus amigos y familiares. Con mensajes que, de alguna manera, igualaron, o por lo menos pelearon de cerca, con el golpeteo permanente de los mensajes impersonales de las redes sociales, que difunden todo tipo de mentiras y noticias falsas, aprovechándose de la desinformación y despolitización de amplios sectores de la sociedad.

Resultados: algunos números y cambios del contexto.

En segunda vuelta votaron 128.236.074 (80,78%) de personas, o sea 2.960.239 más, se decidieron a participar (+1,9%). De los cuales 64.256.232 (51,79%) votaron a Lula, y 59.826.041 (48,21%) fueron para Bolsonaro.

Aunque creció la cantidad de participantes, el voto nulo (-950.944) y el voto en blanco (-870.302) bajaron significativamente. Entre los que dejaron de lado la abstención, el voto en blanco y no anularon su voto, suman casi cinco millones de personas. Se puede afirmar que la mayoría decidió apoyar a Lula el 25/10. Pero la lista 13 sumó más de 10 millones de sufragios (+20%) en las tres semanas de campaña, mientras que Bolsonaro aumentó 3.721.538 (+6,63%). Por lo que es evidente que entre los más de 8.700.000 de ciudadanos que habían apoyado los candidatos que salieron tercero, cuarto y quinto, el PT y sus aliados también se quedaron con la mayoría.

Lula ganó por nocaut la pulseada en las franjas en disputa. Derrotó a los partidos políticos de la extrema derecha y a las, hasta ahora invencibles, grandes plataformas digitales.

El resultado adverso de la extrema derecha el 25 de octubre, significa un duro tropiezo al avance triunfal que venía mostrando en América Latina. Lula ganó y puso en fuga a la familia Bolsonaro que ahora se refugia en EEUU. Los dos países más grandes y desarrollados de la región, México y Brasil, en los próximos años seguirán gobernados por administraciones progresistas, que se niegan a seguir las directivas de Washington, por encima de los intereses de sus pueblos. En el patio trasero se mantienen fuertes voces que resisten el viento de frente que imponen la alianza del gobierno de EEUU con los dueños de las grandes plataformas digitales. Mientras los aliados incondicionales de EEUU, como Milei, se van convirtiendo en malos ejemplos para los pueblos, en la medida que es evidente que su proyecto solo trae crecimiento de la pobreza y del atraso para la Argentina.  

Quizás estemos en los albores de un nuevo contexto para nuestra región.

Por Isaac Rudnik

Libres del Sur

Argentina