RETENCIONES AL SECTOR AGROPECUARIO

Un paso hacia una estructura impositiva más justa 

Desde la reinstalación de las retenciones al agro en agosto de 2018 los exportadores bajaron sus contribuciones un 40% mientras el valor de las Canastas Básicas subieron un 70%

Escriben: Rubén Ciani/ Isaac Rudnik

Como  se esperaba, el gobierno de Alberto Fernández elevó las retenciones a las exportaciones del sector agropecuario (derechos de exportación), con aumentos que se pueden calificar como las más conservadoras dentro de las previsibles, en niveles que se daban por descontados antes de las elecciones. Asimismo, las variaciones introducidas en las alícuotas sintonizan, en alguna medida, con los anuncios de campaña tendientes a promover las economías regionales, el avance en las cadenas de valor y la protección de la industria manufacturera, para la cual se mantiene el régimen anterior.

El Decreto  Nº 37 /19, que instrumenta la medida,  muestra como uno de los objetivos centrales el de equilibrar las finanzas públicas. Esto se desprende de uno de los considerandos, donde se señala la grave situación de aquellas  afirmando que “resulta necesaria la adopción de urgentes medidas de carácter fiscal que permitan atender, al menos parcialmente, las erogaciones presupuestarias con recursos genuinos”.

Con la administración Macri, las retenciones eran una suma fija que variaba entre 3 y 4 pesos por dólar  según el valor agregado del producto (mayor valor menos tasa). Con las nuevas medidas, se presenta un esquema mixto, con productos que mantienen  una suma fija por dólar y otros a los que se le aplica una alícuota sobre el precio de exportación, que van del 9% al 12%. El porcentaje mayor, coincide con el  límite máximo establecido por el gobierno de Macri cuando reimpuso las retenciones en 2018.

En un primer análisis de los cambios en las alícuotas implementadas, se diferencian tres grupos de productos, en los que se puede inferir un esquema asociado a los anuncios preelectorales anteriormente señalados. En este sentido  debe observarse que: a) Mantienen una retención de $3 por dólar; lácteos, regionales, frutas, hortalizas y bienes industriales manufactureros; b) Se eleva a  una alícuota adicional del 12%  a los cereales y las cadenas oleaginosas (en la cadena de soja se le adicionan a un 18% preestablecido, alcanzando una retención del 30%), y c) Pasan a una alícuota del 9% carne vacuna, aviar, huevos, harinas y pescados, entre otros, manteniendo de esta forma una protección arancelaria que promueve la transformación de cereales en productos de mayor elaboración .

 

Inequidades impositivas macristas: Muchos pagamos más, pocos pagan menos

Otro elemento relevante con el cual el gobierno justifica el cambio arancelario en forma explícita, es que desde el momento en que  reimplantaron las retenciones en 2018, se produjo una “devaluación mayor al 60%.”. Esto planteaba una inequidad   en el marco de distribuir los esfuerzos. Como efecto del proceso devaluatorio la inequidad se daba entre los productores de los bienes exportables, que pagaban una suma fija de impuesto independiente del valor del dólar,  y el resto de la población afectada con la disminución real de ingresos en términos de reducción de salarios, aumento del precio de los bienes de consumos y los  insumos importados aumento de las tarifas, etc.

Para el INDEC la Canasta Básica de Alimentos (CBA) para una familia de dos adultos/as y dos hijos/as pequeños/as en agosto de 2018 (mes que el gobierno de Macri repuso retenciones que había eliminado en diciembre de 2015) ascendía a $8.347,57, y en noviembre de este año costó $14.202,26, o sea que subió un 70,13%. La Canasta Básica Total (CBT) costaba $20.868,94 en agosto 2018 y subió a $35.647,66, o sea 70,81% más. Por su lado la nafta súper en agosto 2018 valía $29,37 y en noviembre 2019 $50 el litro (+66,66%), y la Premium pasó de $35 a $58, o sea 65,71% más. Es importante recordar que los aumentos que pagamos los usuarios en las góndolas y en estaciones de servicio, incluyen incrementos proporcionales de los impuestos incorporados a los precios, como el IVA y otros impuestos en el caso de las naftas.

En agosto de 2018, con un dólar de $40, la suma fija de retenciones alcanzaba al 10% su  valor, en tanto que luego de la devaluación, con un dólar superior a $60 se reducía al 6%.

 Esta baja impositiva para los sectores exportadores, asociada a la devaluación de la moneda,  no sólo generó propuestas de aumento de retenciones dentro del  gobierno de Macri, sino que además el propio FMI habría planteado oportunamente, según trascendidos periodísticos, cambiar hacia un esquema de alícuotas porcentuales con los máximos permitidos.

Lo cierto es que desde agosto del año pasado, cuando se reinstalaron las retenciones, hasta el final de su mandato, el gobierno de Macri sostuvo el esquema que permitió un descenso de las contribuciones de los exportadores. Éstos ahora protestan por la implementación de esta actualización, que de acuerdo a un informe de la Corredora de mercado Zeni publicado por Infobae, implica un incremento impositivo a los exportadores del orden del 5,3%.

El ingreso fiscal adicional anual producto del aumento en las retenciones, se puede calcular en un rango 1500/1800 millones de dólares en 2019. En este  cálculo no se incluyen los registros de exportación adelantados por las exportadoras de cereales y oleaginosas, y convalidado por fuertes ventas de parte de los productores agropecuarios. Ese adelantamiento,  representaría alrededor del 35% del valor de las exportaciones del sector.

Estas registraciones evitarían el pago de las nuevas retenciones al estado nacional y  además, en aquellas operaciones en las cuales no se ha fijado precio, una  transferencia de ingresos de los productores a los exportadores,  que al momento  no figura en los reclamos de los productores por  las nuevas medidas.

La actualización de los porcentajes de los derechos a la exportación, en un esquema diferenciado que busca incrementar los ingresos del fisco, mientras trata de incentivar las exportaciones con mayor valor agregado, es un primer paso indispensable en camino de instalar una estructura impositiva más justa.

Isaac Rudnik 1141882603

Rubén Ciani 1156167088

 

Las carnes, los lácteos, frutas y verduras lideran aumentos de alimentos. Sólo la proliferación de segundas y terceras marcas de muy baja calidad sostienen la desaceleración de los aumentos de la Canasta Básica

Escribe. Isaac Rudnik

Según el INDEC en septiembre último las ventas en supermercados, calculadas a precios constantes descendieron un 8,8% respecto respecto al mismo mes del año pasado, y cumplieron 15 meses seguidos de baja. Por su parte la CAME anunció que en noviembre las ventas minoristas bajaron un 7,1% en comparación con igual mes de 2018. También los shópings bajaron un 3,8%,  y las ventas en autoservicios mayoristas descendieron 3,2% en el mismo período. Sin embargo esta retracción generalizada del consumo, no alcanzó para detener la continuidad de las subas de los valores de los productos básicos.

Según el relevamiento mensual de precios que desde el Índice Barrial de Precios (IBP) hacemos sobre los 57 productos de la Canasta Básica de Alimentos (CBA) en 320 comercios de 20 distritos del conurbano bonaerense, en noviembre el valor de esa canasta tuvo un incremento del 0.89% respecto a octubre.

Mientras tanto para cubrir el conjunto sus necesidades básicas, que incluyen además de la alimentación, otros rubros como salud, comunicación, transporte, educación, vestido, etc., la misma familia requirió $35.000, un 0.89% más que en octubre.

El intento de contener los precios mediante la retracción del consumo, un principio básico de las concepciones económicas neoliberales, fracasó a lo largo de los cuatro años del gobierno  de Macri. A lo sumo, un “logro” fue no superar el 1% en un mes, como se dio en noviembre.

Sin embargo si observamos detenidamente la variación interanual, por rubro aparecen algunos elementos significativos.

En la variación por rubro, las carnes lideran los aumentos llegando al 51,97% de incremento, le siguen los productos de almacén -que aunque en noviembre tuvieron un pequeño descenso- en el interanual se elevaron 46,58%, mientras que los de verdulería se incrementaron 41,58%.

Si desagregamos los productos que más aumentaron en los últimos doce meses, se observa claramente que son los que mas aumentaron son los que contienen mayor proporción de nutrientes proteicos y por lo tanto son los recomendados para cubrir una dieta saludable básica.

Concretamente las carnes, los lácteos, y las frutas y verduras  frescas lideran cómodamente las subas.

La causa de fondo del avance indetenible de la malnutrición entre los sectores de menores ingresos, pasa por la dificultad cada vez mayor que tienen, para adquirir los alimentos indispensables que conforman cualquier dieta saludable.

En contraste los que menos subas acusaron, son ricos en harinas de trigo y azúcares.

Las harinas, el azúcar y sus derivados, muestran incrementos por debajo del promedio de todos los productos de la Canasta Básica (CBA). Entre ellos la harina de trigo (33,33%), fideos guiseros (37,50%), galletitas dulces (40%), azúcar (42%), dulce de batata (28,57%), gaseosas (42%). Entre las verduras la papa (12%), y la batata (7,50%) están entre los que menos aumentaron.

Por último es importante destacar que la proliferación de segundas marcas –algunas de ellas de muy baja calidad- y la quita del IVA, también influyeron, por lo menos transitoriamente (la quita del IVA suele tener efecto sólo en los primeros meses), en esta desaceleración de aumentos en productos de almacén, mientras que las carnes parecen iniciar una escalada de aumentos sobre la que influye el incremento de las exportaciones.

Este combo, puede continuar siendo muy negativo para la alimentación de las familias de menores ingresos, sino se establecen controles en el futuro próximo.

Isaac Rudnik Contacto: 1141882603