Por Isaac Rudnik*
Podemos disentir sobre los porcentajes de aumentos de los precios de los bienes y servicios indispensables que debemos consumir, sobre la composición de las Canastas de Consumo, o sobre la medición de los ingresos de los trabajadores no registrados. Pero es incontrastable que la inflación ha vuelto a subir sin prisa, pero sin pausa. Tampoco es discutible que las remuneraciones de los trabajadores y trabajadoras, de los jubilados y jubiladas, de los perceptores de Asignaciones Sociales, no están recibiendo incrementos que compensen estos aumentos, lo que hace muy difícil de explicar el descenso de la pobreza que acusa el INDEC.
“El porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza (LP) alcanzó el 21,0%; en ellos reside el 28,2% de las personas. Dentro de este conjunto, el 4,8% de los hogares están por debajo de la línea de indigencia (LI), que incluyen al 6,3% de las personas…Con respecto al primer semestre de 2025, la incidencia de la pobreza registró un descenso tanto en los hogares como en las personas, de 3,1 y 3,4 puntos porcentuales (p.p.), respectivamente. En el caso de la indigencia, no se observaron variaciones estadísticamente significativas.”[i][1]
Esta publicación del INDEC afirma que el segundo semestre del año 2025 finalizó con una reducción de poco más de 3 puntos porcentuales en los niveles de pobreza y un sostenimiento en los mismos niveles de la indigencia respecto al primer semestre. Más allá de reforzar el discurso oficial (“en dos años sacamos a millones de personas de la pobreza”) este anuncio desmentiría las sensaciones generalizadas de las clases medias y de los sectores de menores recursos que manifiestan que, sobre todo durante el último año, su situación económica ha empeorado sustancialmente. La respuesta del gobierno, y de también de sectores opositores, a estas manifestaciones es: Los datos son los datos.
Sin embargo, diversos informes del propio Instituto Oficial, estarían mostrando datos contradictorios con ese descenso de la pobreza.
Algunos datos desordenados (pero reveladores)
La llamada tarjeta alimentar empezó siendo una transferencia directa a las familias que tenían hijos/as menores de seis años y cobraban la Asignación Universal por Hijo. Se depositaba en una cuenta especial y solo podía utilizarse para comprar alimentos. Posteriormente se fue ampliando la edad y se unificó el depósito en la cuenta de la AUH. Actualmente la reciben las familias que tienen hijos/hasta 17 años, mujeres embarazadas a partir de los tres meses, y familias con hijos/as con discapacidad sin límite de edad.
La Tarjeta Alimentar cuyo valor no se modificó desde junio 2024, tampoco aumentó durante el segundo semestre del 2025. El crecimiento de la brecha, a lo largo de la segunda parte del año, entre el incremento de la Canasta Básica de Alimentos (CBA) y la congelada Tarjeta Alimentar se puede apreciar en el siguiente gráfico.

Siempre dentro del mismo período, si la comparación la hacemos entre la variación del costo de los alimentos y los ingresos por AUH+Alimentar que recibe una familia de dos hijos/as, tenemos que mientras en julio, después de comprar la comida básica (CBA), a la familia le quedaban $47.336 del subsidio para otros gastos, en diciembre ese excedente se redujo a $50.068. Aunque parece mayor en pesos, su valor real es mucho menor debido a que los servicios y el transporte subieron por encima del 30% en ese periodo.

Si comparamos la evolución de la inflación con los incrementos salariales en el mismo período tenemos que en el período julio/octubre los aumentos en los salarios privados registrados le ganaron a la inflación motorizando el consumo, pero en los últimos meses del año esta tendencia se revierte. Por su lado el salario público sufrió un deterioro permanente a lo largo de todo el semestre.

No podemos dejar de mencionar la última publicación del INDEC sobre distribución del ingreso en el cuarto trimestre 2025, en la que quedan nítidamente expresadas no sólo las fuertes desigualdades, sino también el valor del salario promedio que cobra la mitad de los trabajadores y trabajadoras. Si comparamos estos valores con el costo de las Canasta Básicas queda claro que estarían lejos de cubrir la Canasta Básica Total y por lo tanto de emerger por encima de la línea de pobreza.

Por último, la información de la evolución de la desocupación, tampoco estaría ayudando a comprender en que se asentaría el descenso de la pobreza en el último semestre de 2025. La desocupación que en el tercer trimestre había descendido, pero repuntó al 7,5% igualando (o casi) el nivel en que había empezado doce meses antes.

Los datos son los datos: los precios en los barrios populares no dejan de aumentar
Según el relevamiento mensual que hacemos en negocios de cercanía de los barrios populares en 20 distritos del conurbano bonaerense, en marzo pasado los precios de los 57 productos de la Canasta Básica de Alimentos(CBA) aumentaron 3,36%.
Respecto a diciembre la suba alcanzó al 14%: una familia de dos adultos y dos hijos pequeños que en diciembre pasado necesitaba $566.541,11 para comprar estos alimentos básicos y no caer bajo la línea de indigencia, tres meses después requirió $646.281,02. En relación a marzo de 2025 el aumento fue del 38,36%.

La misma familia de cuatro integrantes que un año atrás debía contar con $1.064.992,08 para cubrir sus gastos de la Canasta Básica Total (CBT) y no caer bajo la línea pobreza, en marzo pasado necesitó $1.454.132,43 (+34,54%) para los mismos gastos indispensables.

A lo largo de los últimos doce meses el rubro de las carnes lideró largamente los incrementos de los precios de los alimentos básicos, seguidos por productos de almacén y las frutas y verduras.

Podemos disentir sobre los porcentajes de aumentos de los precios de los bienes y servicios indispensables que debemos consumir, sobre la composición de las Canastas de Consumo, o sobre la medición de los ingresos de los trabajadores no registrados, pero es incontrastable que la inflación no sólo no ha mantenido la tendencia descendente del primer semestre del 2025, sino que en el segundo semestre y en este primer trimestre de 2026, ha vuelto a subir sin prisa, pero sin pausa. Tampoco es discutible que las remuneraciones de los trabajadores y trabajadoras, de los jubilados y jubiladas, de los perceptores de Asignaciones Sociales, no están recibiendo incrementos que compensen estos aumentos, lo que hace muy difícil de explicar el descenso de la pobreza que acusa el INDEC.
Principales alimentos que aumentaron en marzo 2026



[1] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/eph_pobreza_03_269225CA3217.pdf
*Isaac Rudnik es Director Nacional del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI).
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