EL SECUESTRO DE MADURO| UN ÉXITO (¿EFÍMERO O DURADERO?) DEL INTERVENCIONISMO YANKY

*Por Isaac Rudnik

La foto de Maduro esposado, cubierto con gafas negras y audífonos, los videos de su traslado por los agentes de la DEA, la filmación de los helicópteros llevándolo a la prisión de Nueva York, que se dieron a conocer a las pocas horas de su secuestro, son un símbolo mundial de la decisión del poder político militar norteamericano para intervenir en nuestros países, y pasar por encima de la voluntad de nuestros pueblos.

En el marco de la creciente disputa geopolítica entre EEUU vs China y Rusia, Venezuela con las reservas petroleras más importantes del planeta (según la OPEP:  303.000 millones de barriles de crudo, seguida de Arabia Saudita con 267.200 millones, Irán con 208.600 millones, Canadá e Irak con 163.000 y 145.019 millones de barriles de crudo)[1] quedó instalada como el foco de tensión más importante en América Latina. Aun con esas riquezas naturales en su territorio, nunca logró superar sus debilidades económico estructurales signadas por la subordinación absoluta de sus ventas petroleras en el mercado global. Con el paso de los años, quedó a merced de los vaivenes de las bajas y alzas de los precios y volúmenes de sus exportaciones, que a la vez sufrían las consecuencias negativas de una infraestructura deteriorada y el constante hostigamiento y bloqueo económico de los yanquis. Así, desde los 2,5 millones de barriles diarios que exportaba en 2005/2006, descendió hasta 400 mil en 2022. Iniciando desde ahí un lento proceso de recuperación de la mano de acuerdos para el regreso de multinacionales como la norteamericana Chevrón, que permitió alcanzar los 660 mil barriles en 2024, y 1,2 millones de barriles diarios en septiembre pasado.

Igual, esto no impidió la continuidad del descenso de consenso político en la población, que se manifestó en la pérdida de las elecciones presidenciales de ese año, cuyo resultado fue falseado para impedir la llegada al gobierno de la oposición de derecha, encabezada por Corina Machado.

Las necesidades de EEUU y la oportunidad de Trump

“EE.UU. es hoy el mayor productor mundial de petróleo con una producción que, en 2024, superó los 13 millones de barriles diarios. Las proyecciones del mercado petrolero estadounidense indican una producción estable acompañada de un ligero descenso que podría producirse entre 2025 y 2026. EE.UU. lidera la producción mundial de petróleo desde 2018 con el desarrollo de la industria del fracking. Además de los récords de producción, también mantiene las mayores reservas estratégicas del mundo que, según datos del Departamento de Energía de los EE.UU., cuenta con una capacidad de almacenamiento de 714 millones… El sector energético es clave para cualquier país, más aún cuando se trata de uno que consume diariamente 20 millones de barriles de petróleo y que, de darse una interrupción en la cadena de suministros, sus reservas estratégicas solo le permitirían atender el consumo interno durante un mes. Para EE.UU está claro que el sector energético es fundamental para garantizar la seguridad interna, la defensa y el sustento de su economía. ¿Necesita EE.UU. el petróleo venezolano? Totalmente. De ahí que la seguridad de EE.UU. sea, en la misma proporción, la inseguridad para Nuestra América”[1]

La creciente debilidad del gobierno venezolano, le dio la oportunidad al gobierno norteamericano, para plantearse el objetivo inmediato de desplazar al régimen encabezado por Maduro. Puso en marcha un plan que se desarrolló en varios frentes. El primero, instalar a Venezuela como una de las principales proveedoras de drogas hacia EEUU, y a Maduro como su máximo jefe, cuando no hay ningún indicio que explique esa imputación. Segundo, mover frente a las costas venezolanas a sus portaviones más poderosos, hundiendo a cuanta lancha o bote circulara por allí y matando a sus tripulantes bajo la acusación de transportar drogas, sin ofrecer jamás la más mínima prueba. Tercero, fortalecer el boicot económico incorporando nuevas medidas de bloqueo. Cuarto, anunciar la existencia negociaciones en curso con el propio Maduro, para que se retire voluntariamente del gobierno. Por último, en los últimos días de 2025, difundir la idea que Maduro se negaba a dejar la presidencia, por lo que era inmediato su desalojo por la fuerza.

3 de enero 2026

La destitución por la fuerza del gobierno podría implicar una incursión de tropas terrestres apoyadas por fuerzas de mar y aire, al estilo de los “tradicionales” desembarcos de los marines yanquis en las sucesivas invasiones norteamericanas que sufrimos en Nuestra América. En un extenso país como Venezuela, de casi 30 millones de habitantes, con una porción de ellos –aunque minoritaria, pero numerosa- que apoya al gobierno, una fuerza invasora de ocupación podía sufrir más de un revés. Las especulaciones del oficialismo venezolano giraban alrededor de esa posibilidad. Pero esta vez la intervención tuvo características relativamente diferentes.

Los yanquis movieron un aparato militar formidable, utilizando –según su propio anuncio- unos 150 aviones que despegaron desde diferentes lugares, bombardearon distintos objetivos en simultáneo para servir de cobertura al comando que llegó al propio dormitorio de Maduro y su esposa, a las 2am del 3 de enero pasado, situado en el principal cuartel militar de Caracas. De allí los sacaron y los llevaron en helicóptero hasta un portaviones, para ser luego trasladados hasta territorio norteamericano.

Sobre la culminación exitosa de esta operación, circulan diversas explicaciones. Desde la improbable complicidad de una parte de la estructura del poder militar y político gubernamental, hasta la teoría de una infiltración de la inteligencia yanqui trabajada desde hace tiempo, pasando por la más creíble: la utilización de tecnología de última generación, que no solo pudo mantener informados a los invasores sobre la ubicación exacta de Maduro y su esposa, sino que también les permitió atravesar sin dificultades las redes de modernos radares de origen chino y ruso, preparados para alertar sobre eventualidades parecidas.

Los tiempos por venir

La foto de Maduro esposado con gafas negras y audífonos, los videos de su traslado por los agentes de la DEA, la filmación de los helicópteros llevándolo a la prisión de Nueva York, que se dieron a conocer a las pocas horas de su secuestro, son un símbolo mundial de la decisión del poder político militar norteamericano para intervenir en nuestros países, y pasar por encima de la voluntad de nuestros pueblos.

La asunción de la vice presidenta Delcy Rodríguez, el sostenimiento de toda la estructura política y militar venezolana, y los anuncios de Trump y Marco Rubio negociando con ella y su gobierno, reconociéndolos, por ahora, como el poder oficial en Venezuela, abre distintas interpretaciones sobre lo que sucedió y lo que sucederá de aquí en más.

La más difundida en estas horas en los grandes medios de la derecha global, es que hubo un entendimiento del gobierno yanqui con Delcy Rodríguez y los principales dirigentes políticos y jefes militares, para entregar a Maduro e iniciar negociaciones para enfrentar una nueva etapa.

Otra alternativa, es que Trump y la caterva de depredadores que lo acompaña, hayan observado que no les conviene dar ya mismo un paso más, hacia su objetivo de hacerse cargo de Venezuela (como pomposamente afirman una y otra vez).  Por ahora se estarían preparando para encarar una etapa de negociaciones con un poder venezolano más débil, pero que mantiene un respetable control de los resortes fundamentales del estado. Entre los más importantes, las FFAA, que por estas horas no muestran fisuras, se presentan alineadas con el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez.

En los próximos tiempos tendremos muchos más elementos para evaluar cómo llegamos a este punto, más información de que es lo que verdaderamente sucedió en la madrugada del pasado 3 de enero, y cuál es la direccionalidad que el sobreviviente oficialismo venezolano le va a dar a su gobierno.

Veremos si allí avanza el proceso de movilizaciones que se viene desarrollando tanto en territorio venezolano, como en los países de la región, repudiando la intervención y reclamando el retorno de Maduro y su esposa.

Veremos también, si hay reposicionamientos del gobierno de Delcy Rodríguez en la política regional, o se mantiene la oposición a las políticas norteamericanas que buscan mantener a América Latina como su patio trasero.

Y también, observaremos con detenimiento la evolución de las manifestaciones de rechazo a la intervención norteamericana en el propio territorio de EEUU.

En cualquier caso, es claro que al primer raund de esta nueva etapa lo ganó Trump.


[1] https://adelantenoticias.com/2026/01/04/los-espamos-del-hegemon/

Algunas recortes de notas de interés:

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