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LA HISTORIA ES NUESTRA Y LA ESCRIBEN LOS FEMINISMOS.

En este momento de profunda emoción y aceleración de los tiempos no puedo dejar de acordarme todo lo que empujamos esa historia para llegar hasta acá. Siempre irreverentes, siempre corriendo el margen de lo posible.

                  Escribe: Betiana Cabrera Fasolis*

Y sobre todo fue así en un año que nos encontró sorprendidos ante lo desconocido, ante lo inesperado. Esa desolación e incertidumbre de una pandemia que nos mandó a nuestras casas, nos arrebató afectos, formas de vida y trabajo, desde el minuto cero fue cruzada por los feminismos.

Siempre ansiosas, pensando antes de tiempo, sabíamos que nuestro rol iba a ser protagónico para la dignidad y las estrategias de vida, siempre en clave de lucha y además sosteniendo que, pese a este panorama tan complejo, teníamos que seguir conquistando derechos. A las prioridades y las oportunidades las íbamos también a escribir nosotres.

Y digo esto porque en este momento de profunda emoción y aceleración de los tiempos no puedo dejar de acordarme todo lo que empujamos esa historia para llegar hasta acá. Siempre irreverentes, siempre corriendo el margen de lo posible. Recuerdo que recién estaba aprendiendo fórmulas de química biológica allá por el 2001 cuando tuve que adelantarme 3 años a un capítulo de obstetricia porque una compañera de Barrios de Pie se había colocado una sonda y yo al menos quería intervenir diciéndole cuando teníamos que salir corriendo. La responsabilidad era doble: tenia 4 hijes y no quería que nadie, absolutamente nadie se enterara. Recuerdo la importancia de tener una agenda: gente al alcance de un teléfono que te decía “en este turno de guardia no, porque la denuncian, estirala 8 horas más”,  “ya tenemos la eco, salió todo bien”. Los mejores ateneos eran así.

También estaban las amenazas y las agresiones directas. Porque una cosa es que te putearan de frente cuando ponías la mesita de la Venceremos para juntar firmas, pero otra muy distinta cuando te señalaban con nombre y apellido. Después vino el misoprostol, siempre cuento que las brasileras que querían abortar lo descubrieron antes que la OMS. El problema es que vino sin guía y sin protocolo. Era todo muy incierto, pero más seguro que una sonda o percha. Más barato que un legrado.

En la misma época discutimos hasta el hartazgo los métodos anticonceptivos, increíble, pero eso también nos querían negar. Tuvimos ley, pero antes de festejar, ¡ya estábamos monitoreando y denunciando que no se aplicaba! Hoy sigue existiendo una provincia que no adhiere. Ni hablar de colocación de DIUs o de la ligadura de trompas: ahí aprendimos que la objeción de conciencia se resuelve pagando en un consultorio privado, porque en el sector público estos mismos objetores -literalmente- inventaban cosas tales como que hasta el marido tenía que firmar, y la psicóloga certificar que no podías con un niñe más y la trabajadora social demostrar la absoluta vulnerabilidad, y tenías que estar embarazada para que te lo hagan en la cesárea y que te coincida el día y la hora con el colega que habías hecho todo el trámite.

Y el feminismo, sin nombrarnos como tal, ya nos abrazaba, nos interpelaba y nos formaba. En los Encuentros Nacionales de Mujeres (que se llamaban así en esa época) se dirimían debates maratónicos porque el tema no tenía consenso. Después se lanzó la campaña política más disruptiva de la historia: la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, y ahí nos sumamos como Red de Mujeres Solidarias, posteriormente como Juanas, después como MuMaLa.

Pusimos nombres: es el machismo y el patriarcado quien nos quiere sumisas y reproductoras, es un problema político y sistémico, no es una cuestión individual. La ciencia miró también para este lado y ya las organizaciones como la OMS, la FLASOG o la FIGO aportaron protocolos y seguridad, lesbianas y feministas se radicalizaron y lanzaron líneas para acompañar que continúan creciendo a hoy, les profesionales de la salud también hicimos publicas nuestras prácticas y nos articulamos.

Y ya todo fue una sinergia irreversible, y lo digo porque la emoción de la media sanción tiene que ver con que las feministas y militantes populares nunca le dimos la espalda a las mujeres y personas gestantes que necesitaban interrumpir, ni de denunciar la violencia que implica obligar a parir a nenas y adolescentes, ni la hipocresía de que no exista provisión de métodos anticonceptivos, ni la perversidad de negar una educación sexual integral que nos libere de violencias, ataduras y nos acerque al placer. Y esa praxis feminista que nos llevaba horas, teléfonos abiertos siempre, llamadas hasta los domingos, reuniones interminables, y por supuesto movilizaciones, está a punto de ser reconocida por el Estado como política pública.

En Córdoba, desde donde escribo, tuvimos una vigilia ardiente: 38 grados sobre el pavimento y después ráfagas de viento que se querían llevar las pantallas gigantes, arriba del short y la musculosa aparecieron las frazadas. Las dos vigilias anteriores fueron los días más gélidos y con lluvias permanente. ¿En qué otros países se acompaña la gesta de leyes en hinchada, acompañadas, en la calle sin dormir? Es la intensidad con la que vivimos la política, pero sobretodo la politicidad feminista que nos marca que todo debe pasar por la vivencia y el cuerpo. Ese que históricamente fue tutelado y violentado, que el status quo ordena que tenga antes la vivencia de la sexualidad vinculada al miedo de quedar embarazade, que una sexualidad vinculada al placer y al deseo.

A esta historia le faltan al menos 80 años para atrás de personas, vivencias, hitos y luchas. Y le van a faltar muchos para adelante, pues las leyes solas no garantizan derechos y quienes nos quieren tuteladas tampoco descansan. Pero es la historia que estamos escribiendo, desde la insubordinación al machismo y al patriarcado, desde las vivencias propias y ajenas que acompañamos solidaria y amorosamente, desde la rebeldía y la inconformidad, y sobre todo desde la profunda generosidad de invitar y convocar a otres a ser parte de ella. Lo vamos a lograr, va a ser ley.

*Betiana Cabrera Fasolis. Médica especialista en medicina familiar y general. Profesora UNC. Coordinadora MuMaLa Córdoba. Integrante de la Campaña por el derecho al aborto legal seguro y gratuito regional Córdoba.

Contacto: 3513016464