De El Eternauta al mundo después del coronavirus

 

La pandemia de COVID-19, al igual que la nevada mortal en la ficción, tomó al mundo por sorpresa. La llegada de lo exterior genera impacto, pero luego muchas preguntas interiores. El virus, en su omnipresencia comunicacional, nos recuerda la finitud y nos hace reflexionar acerca de la vida en su totalidad: de lo individual a lo comunitario, todo lo que conocemos cambiará indefectiblemente, a escala global. Este artículo traza un paralelismo entre la ficción y la realidad y pretende generar algunas preguntas tendientes a acelerar debates urgentes sobre el mundo en que queremos vivir.

Escribe Javier Núñez*


¿Se dan cuenta los hombres de toda las maravillas que los rodean? (…) Lástima que los hombres solo dan valor a lo raro. No aprecian lo que abunda. Para ellos vale más un trozo de oro en bruto, sin trabajar, que una hoja de árbol o una pluma de pájaro.

H.G. Oesterheld, F. Solano López, El Eternauta

 

Invasión

En 1957, la Argentina, que en ese entonces consumía masivamente historietas, veía una novedad en las páginas de Hora Cero Semanal. Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López acababan de darle vida a El Eternauta, más tarde el ícono por excelencia de la historieta nacional. El argumento era muy similar al de La Guerra de los Mundos de H.G Wells: una invasión extraterrestre a la Tierra, la derrota de las fuerzas armadas para combatirla, la posterior resistencia de milicias organizadas. ¿Por qué El Eternauta sobresalió entre la enorme oferta de historietas de esos años?

La originalidad de Oesterheld fue ambientar la historia en Buenos Aires, con barrios, emblemas y personajes reconocibles por cualquier lector gracias a los dibujos de Solano López, tal vez el artista que más se dedicó a mostrar los rasgos físicos de “la argentinidad”. Ya se había leído sobre invasiones a Nueva York y Londres. Sin embargo, ¡cuánto más fácil identificarse, ser parte del relato, cuando una invasión transcurre en Argentina! En un chalet de Vicente López, Juan Salvo, su familia y sus amigos quedan, de repente, aislades ya que en las calles cae una nevada mortal, copos de una especie de nieve que matan todo lo que tocan.

No pueden salir. Un elemento externo los obliga a quedarse en casa. El mundo, tal como lo conocen, cambió. Surgen preguntas: “¿Y ahora, de qué voy a trabajar?”. La trama se complejiza, la nevada mortal es en realidad el arma que anuncia la llegada de los Ellos, una especie extraterrestre dedicada a invadir mundos y someterlos. De los planetas invadidos obtienen recursos naturales, a sus habitantes los utilizan como fuerza de trabajo. Ellos son definidos como “el odio cósmico”. ¿Podrán nuestros héroes repeler la invasión? ¿Existirá un planeta en el que vivir, o será destruido?

 

Ellos 

¿Podemos pensar a Ellos como un símbolo de las condiciones externas que determinan el desarrollo de una Nación? Un Oesterheld ya politizado hará en 1969 una versión de El Eternauta donde las potencias extranjeras entregan a América del Sur a las fuerzas invasoras. El escritor trabajará un argumento similar en La Guerra de los Antartes (1970-1974). En ella, los invasores exigen el dominio de nuestro continente para no destruir la totalidad del planeta. Las potencias acuerdan, solo los países africanos protestan en solidaridad con Latinoamérica. Oesterheld capta en esas historietas el espíritu intelectual de la época, donde conceptos como “neocolonialismo”, “descolonización”, “teoría de la dependencia”, estaban a la orden del día.

Tanto la historieta como las demás artes se dedican a pensar escenarios posibles. Utopías, distopías y ucronías son recursos utilizados para imaginar escenarios distintos al presente. Interrogantes como ¿Qué pasaría si…?, ¿Y si mañana…? activan el mecanismo humano por excelencia, el de la imaginación. Cuando llegó esta pandemia de coronavirus, de algún modo estábamos preparades. Pero no gracias al conocimiento histórico. Al fin y al cabo, ¿quién sabe que la gripe española se cobró, en 1918, la vida de 14.997 personas solo en la Argentina, 50 millones en el mundo? ¿Cuántos tienen conciencia de que la primer guerra epidemiológica la inició España en la América precolombina, trayendo el sarampión y la viruela entre otras enfermedades y reduciendo en un 95% la población? No manejamos esa información. Sin embargo, Hollywood nos machaca hace años con esos escenarios; lo de hoy nos genera un déjà vu.

 

Ellos somos nosotres 

Ahora bien, lo verdaderamente fascinante en estas historias, como El Eternauta, es descubrir la reacción de la humanidad ante el factor externo. “Lo primero son las armas”, decía el profesor Favalli, pesimista, seguidor de Hobbes y de la concepción de que “el hombre es lobo del hombre”. Juan Salvo se niega a adherir esa lógica de pensamiento, tiene esperanza en el accionar grupal. De a poco, nos olvidamos del invasor, lo atractivo en el relato empieza a ser la interacción humana frente a la invasión. ¿Quiénes somos ante la ruptura de lo cotidiano, del statu quo, la rutina que nos moldea? ¿Qué facetas individuales y colectivas salen a relucir? En The Walking Dead (los “muertos caminantes”) el protagonista tiene un momento revelador. Entiende que los zombis son solo eso, zombis. Y se da cuenta de que los muertos vivientes son ellos mismos, los últimos humanos de pie: en un planeta condenado, los zombis seguirán adelante, quienes tienen los días contados son los vivos. Así, los y las zombis se convierten en un recurso para en realidad reflexionar sobre quiénes somos y qué hacemos ante el apocalipsis.

La naturaleza recupera espacios debido a la cuarentena, mientras se descuida el medio ambiente(Télam)

En la misma línea, Malcolm, el matemático creado por Michael Crichton en Parque Jurásico, sostenía que ante una crisis planetaria el problema no es el planeta en sí mismo: al fin y al cabo, la Tierra seguirá girando. Ya sea que caiga un meteorito o que la destruyamos con nuestra presencia depredadora, la evolución y el tiempo reequilibran las cosas. El problema, afirmaba Malcolm, es nuestra supervivencia como especie. En última instancia, Malcolm criticaba la ceguera generada por el afán de lucro, ese deseo de obtener dinero que había motivado a emprendedores y científicos a clonar los dinosaurios para crear un parque de diversiones. A pesar de que él había advertido que todo saldría mal, el proyecto siguió adelante, así como su estrepitoso fracaso. Así, con el pretexto de los dinosaurios, Crichton reflexiona sobre las atrocidades cometidas en nombre del espectáculo.

“¿Quién eres, humano?”, se pregunta el coronavirus

Si lo esencial es invisible a los ojos, entonces el COVID-19 se convirtió en lo esencial en este momento histórico. Pero no por el virus en sí mismo. El virus es como los zombis, como la nevada mortal, como los invasores. Es simplemente un factor externo. El propósito de estas líneas es intentar ver al virus como un reflejo. Así como cada mañana nos vemos a los ojos frente al espejo, ¿qué pasa cuando analizamos el impacto de la pandemia? ¿Qué sale a la luz? ¿Somos solidaries o somos egoístas? ¿Tenemos sistema de salud pública, o consideramos la salud como una mercancía? ¿Dejamos morir a los ancianos o los cuidamos? Los países, ¿se aíslan o cooperan? ¿Qué haremos cuando el virus llegue a África, dejaremos que se arreglen? ¿Cuál debe ser el rol del Estado, intervenir o no intervenir? Ninguna de estas preguntas es original, pero la crisis acelera los tiempos, las respuestas son necesarias ante la inminencia del peligro. De repente, el instinto y la pulsión de vida de les seres humanos entra en acción, la especie quiere seguir adelante.
La cuestión es: de qué manera. Este es el meollo del asunto, lo que nos interroga Covid mirándonos a los ojos. Ya en la Antigüedad, la llegada de una epidemia generaba preguntas acerca de su origen, los cambios necesarios en el porvenir, los aspectos a corregir. El capitalismo actual nos convirtió en seres generalmente incultos, con escasa memoria generacional. Al transformarnos a todes en consumidores, nuestro deseo es obtener dinero para consumir, en un ciclo nada virtuoso. Poco nos importa el pasado, mucho menos el futuro, nuestro aquí y ahora se aleja mucho de la filosofía budista y nos acerca a las langostas y su vínculo devastador con los cultivos. Queremos todo y lo queremos ya. Por suerte existen matices, y la reacción de las naciones puso en evidencia, cual vidriera, los valores de cada sociedad. Hay demasiado ruido y demasiada información, pero existe una gran noticia: todo está en discusión. Absolutamente todo. El punto es qué rol vamos a jugar en esa discusión, qué queremos plantear y qué lugar elegiremos para hacerlo. Veamos algunos debates que se están dando en el mundo.

Gran Hermano/Gran Ciudadano; Naciones aisladas/Solidaridad global

El historiador israelí Yuval Noah Harari dice que tenemos que tomar dos elecciones en esta crisis: por un lado entre una vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano, y por otro lado entre el aislamiento de las naciones y la solidaridad global. En relación con la primera elección, se veía venir. Ya George Orwell en 1984 introducía al Gran Hermano. Pero el salto tecnológico de los últimos años permitió el famoso Big Data, es decir, la capacidad de procesar inmensos volúmenes de datos. La novedad del Big Data es que empodera a las máquinas, por eso hoy hablamos de algoritmos, deep learning, inteligencia artificial, etc. Lo que antes analizaban sesudos expertos gracias a su conocimiento y experiencia, hoy es reemplazado por algoritmos que permiten establecer correlaciones y, he aquí la cuestión, predicciones. Si bien ya venimos regalando alegremente nuestra información cada vez que bajamos una app, y ponemos nuestra privacidad en manos de Google, Facebook y Amazon, la pandemia trae una novedad: el análisis biométrico masivo y compulsivo. La advertencia de Harari y otros intelectuales es: ojo muchaches, cuando hay crisis aceptamos cosas que normalmente no aceptaríamos, y después esas cosas se convierten en sistémicas. Hoy te pido los datos de tu ritmo cardíaco para ver si tenés síntomas. Pero mañana, tal vez puedo usar esa información para ver cómo reaccionás ante determinado contenido publicitario. O idea política. O lo que sea.

 

La privacidad en jaque con medidas que van a un mayor control de la población

La otra cuestión que plantea Harari es cuál será la reacción de los Estados Nación. Hasta ahora cada país reaccionó como quiso, riéndose de 100 años de construcción de organizaciones supranacionales. Covid puso en evidencia su inmensa fragilidad. ¿Es culpa del virus? No, son nuestras instituciones, nuestras creencias, nuestros aprendizajes en la escuela. El presidente francés, Macron, sostiene que el actual modelo de globalización, responsable de la caída del muro de Berlín, en los últimos años “socavaba la democracia” y estaba llegando a un fin de ciclo debido al aumento de la desigualdad en el seno de los países desarrollados.

De la noche a la mañana, ni siquiera la OMS asumió un rol fiable, en todo caso fue orientador. El líder del mundo libre (¿no es lo que dicen las películas?), Estados Unidos, le dio la espalda al Viejo Mundo y colgó su liderazgo en el placard. También renegó de su propio pueblo, negando la enfermedad y ponderando -otra vez- el afán de lucro por sobre el valor de la vida. Nuestro hermano y socio principal, Brasil, es conducido por un psicópata que boicotea la cuarentena. ¿Hay alguna novedad? Ninguna, simplemente la crisis exalta los valores de esos líderes y, en alguna medida, las sociedades a las que representan. La pandemia está lejos de terminar. El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, advierte que si no hay ayuda y una acción global coordinada, tanto su país como muchos países africanos fracasarán en el combate invisible contra el virus. Desde Argentina, ¿cuál será nuestro accionar regional?

 

La economía y el Estado

El FMI describe esta crisis como la peor desde la Depresión de 1930. Absolutamente todos los países entrarán en recesión en 2020. Los países europeos ven crecer exponencialmente la deuda pública. Algunos ensayan tímidamente el salario universal, dejan picando el debate. Simon Mair es un economista inglés del conjunto de estudios interdisciplinarios llamado “economía ecológica”, que busca reducir la producción a escala global para disminuir progresivamente el cambio climático. Desde el seno del mundo anglosajón, esta corriente no solo critica al neoliberalismo sino que pone en duda las medidas keynesianas para salir de la recesión. No se trata, dicen, de poner plata para que haya mayor producción al mejor estilo de “economía de guerra”. Al contrario, sostienen que hay que cambiar “el chip de la economía” y pensar en cómo encarar una economía que produzca en menor escala. Trabajan en propuestas como la reducción de la jornada laboral, trabajar más despacio y con menos presión. En relación a la pandemia, Mair afirma que “el coronavirus, así como el cambio climático, son en parte un problema de nuestra estructura económica”.

El inglés realiza un pequeño juego. Combina dos variables: valores (¿maximización del lucro o de la vida?) y forma de organización política (¿centralizada o descentralizada?). De esta combinación prevé cuatro futuros posibles: el descenso a la barbarie, un estado capitalista fuerte, un estado socialista radical, una sociedad de ayuda mutua. El primer escenario es el más temido por el autor: el abandono estatal de los desempleados/as en esta crisis. Allí, Mair ve la quiebra de las empresas, el hambre de los trabajadores y el colapso de los servicios de salud. El segundo, un fuerte capitalismo estatal, se aleja del neoliberalismo, abraza las medidas keynesianas, retoma la intervención de la economía. Ve factible esta posibilidad solo si la pandemia es corta, ya que si se alarga ¿hasta dónde llega la capacidad del Estado para sostener el mercado? En el tercer escenario, hay un cambio cultural: se privilegia la vida por sobre la ganancia. El estado socialista nacionaliza y gestiona hospitales, y asume la producción en los sectores de la economía esenciales para la vida: comida, energía y vivienda. Los ciudadanos/as reciben del Estado una renta que les permite acceder a los bienes básicos y bienes de consumo realizables con una fuerza de trabajo reducida. Este estado, supone Mair, puede surgir si la pandemia se prolonga en el tiempo. El último escenario, el de la ayuda mutua, plantea la organización de redes y las respuestas comunitarias de base, que pueden surgir ante la falla de los estados o simplemente cuando confluye el deseo de ayudar a los y las demás.

Señalo algo importante: cuando Keynes realiza sus propuestas a Roosevelt en el marco de la crisis del ‘30, del otro lado del mundo amenazaba la Unión Soviética con una propuesta distinta de forma de vida. La reacción occidental, al desarrollar los Estados de Bienestar, se dio porque existía el fantasma del comunismo. Hoy no hay ningún sistema económico alternativo o revolución en ciernes: ¿es posible que en el seno del capitalismo (¡Inglaterra! ¡Alemania!) se ponga en marcha un cuestionamiento profundo al sistema?

 

¿Otro mundo es posible?

Esa pregunta es una de a las más repetidas, uno de los leit motiv de la humanidad, la esperanza. Como tantas otras veces en la historia, es mucho lo que está en juego. Y nadie sabe cuál será el devenir de la pandemia. No pocas personas temen un rebrote en China. O en los países que flexibilicen la cuarentena. Ante la incertidumbre, los gobiernos de todos los países improvisaron decisiones con los recursos que tenían a su disposición. Las sociedades, temerosas, seguimos obedientemente las indicaciones de personas igual de desconcertadas que nosotres. A partir de las preguntas desarrolladas en estas líneas, el propósito es llamar a la acción intelectual.

Israel, 2000 personas contra Netanyahu con distanciamiento físico (T.Appelbaum)

Si desde el campo popular no ponemos en marcha debates y tomas de posición sobre el mundo poscoronavirus, el saldo se lo llevarán los sectores conservadores. En Francia, astutamente, el republicano derechista Aurélien Pradié hace autocrítica, habla de una “derecha social”, revindica el rol del Estado, el valor del trabajo por sobre el sector financiero… En 2008, tras el rescate de los bancos por los Estados, la centroizquierda europea consideró evidente que no volvería a discutirse la importancia del rol estatal. Y se sorprendió mucho cuando avanzó la ola de derecha. Tras esta pandemia, ¿cuáles serán las voces y las ideas dominantes? Ya que los gobernantes no están generando los debates, las organizaciones del campo popular debemos iniciarlos. La ciencia ya demostró que el origen de los virus de los últimos años está vinculados a la acción humana, nuestro modo de producción, nuestro tipo de alimentación. ¿Va a pasar la pandemia, y seguiremos como si nada? ¿Estos días quedarán en el recuerdo hasta el próximo virus? ¿Volveremos a la explotación del hombre por el hombre, o reflexionaremos sobre nuestros valores? ¿Entregaremos lo último que nos queda de privacidad -el latir de nuestros corazones- a algoritmos?

Movilización de Barrios de Pie en Tucumán con distanciamiento físico

 

Pero también es importante llamar a la movilización. El distanciamiento social debería ser llamado distanciamiento físico. Respetemos esas reglas para cuidarnos entre todes. Pero sin perder el componente más importante que tienen los pueblos, tan presente en la Argentina: la presencia en la calle. El historiador Mike Davis, especialista en globalización y sus desastres, dijo en estos días que “el resultado político de la epidemia será, como todos los resultados políticos, decidido por la lucha, por batallas sobre la interpretación, por señalar qué causa los problemas y qué los soluciona. Y tenemos que llevar ese análisis al mundo como sea”. Hace poco, en Tucumán se realizó una protesta por falta de pago de trabajadores de centros comunitarios de Barrios de Pie. Mientras se escriben estas líneas, en Tel Aviv unes 2000 manifestantes salieron a la calle para rechazar las medidas del Primer Ministro Netanyahu, advirtiendo que “así mueren las democracias del siglo XXI”. La experiencia, inédita para los seres vivos de hoy, de compartir sin excepciones un mismo hecho social, puede significar una gran oportunidad para trabajar la empatía, el reconocimiento del otre, ese prójimo. Sin dudas Juan Salvo, El Eternauta, que anda rebotando en el continuum, se materializaría aquí para aportar toda su experiencia de lucha.

*Javier Núñez, es politólogo y comunicador. Investigador de ISEPCi

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